El costal ha llegado a la universidad. Y, pese a que me recordara a aquella manida soflama comunista que rezaba, “el hijo del obrero a la universidad”; la realidad es que no se van a estudiar ni los orígenes, la historia y la evolución de las cuadrillas de costaleros y cargadores. No.
Lo organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y es un curso que combina, no se lo pierdan clases en streaming y prácticas presenciales, porque de lo que se trata es de enseñarte a ser costalero. Habrá, además, un taller titulado ‘Técnica de la Levantá’, que impartirán el famoso capataz Antonio Santiago y la neurofisioterapeuta, Montserrat Altemir. La profesión de esta última ya es difícil de pronunciar, mejor no pensar en cómo va a explicar la técnica.
Lo que sorprende es que se haya llegado a esto, a dar clases por Internet de cómo ser costalero y que se organicen unas prácticas, para que el espectáculo sea mayor, por más que se venda desde el ámbito del conocimiento y de la medicina.
En una sociedad decadente como la nuestra, los niños de ahora no tienen nada que ver con los que crecimos en los ´80. Los sobreprotegemos como si tuvieran alguna incapacidad latente y ese curso parece exactamente lo mismo.
Se trata a los nuevos costaleros como a niños que tienen que aprender en clase a tener cuidadito debajo de un paso. Y un capataz, uno de los más famosos, se presta a ello, cuando se supone que ya lo hace con sus cuadrillas, como se ha hecho -por cierto- siempre.
Seguramente, quienes acudan al taller y la cohorte de correligionarios del capataz venderán el producto como les dicten. Están en su derecho de hacerlo, de seguirlo como los siguen a ellos alrededor del paso en los ensayos. Como también que, como quien suscribe, está en el suyo para pensar que se está desnaturalizando una labor que es casi sagrada, profesional y espiritual a un mismo tiempo. Un oficio (palabra con la que se llenan la boca), que se aprende bajo unos cánones, en la cuadrilla que entras y ante la imagen que veneras, no en una clase on line y en un taller que apunta más a circo que a otra cosa.
Crear costaleros de laboratorio, que rindan culto a la figura del capataz ha llegado a otro nivel y eso pese a que, como decía el propio Santiago, sacar pasos no es cargar peso como en una mudanza. Pues con esto parece exactamente eso.





