Las cofradías no son siempre fáciles de comprender. Algunas decisiones, ciertos gestos, determinadas actitudes solo se entienden en su metalenguaje que, incluso, a veces no es discernido ni por sus interlocutores, en una suerte de jeroglífico que niel tiempo traduce, pues no hay una piedra rosetta para hacerlo.
Y en ese universo insondable, la evolución de algunos acontecimientos parecen pertenecer al mundo del misterio. No se trata de preocuparse por nombrar capataces antes que preocuparse del patrimonio, ese error es antiguo y reiterado; sino de embarcarse en proyecto tras proyecto, sin tener del anterior más del 25% ejecutado.
Es lo que en la gestión política se conoce como la ejecución de los presupuestos. Y es que puedes poner unos números estupendos ante el parlamento de turno, pero luego hay que aplicarlos y ahí es donde aparecen las costuras.
Casos de ese tipo hay un ramillete en Córdoba y se ven en hermandades como la del Buen Suceso, donde están en construcción los pasos de misterio y de palio, mientras ahora lo que se intenta es adquirir la casa de hermandad.
Un proyecto que marcará las próximas décadas de la cofradía del Martes Santo en lo económico y condicionará todo lo demás. Y, mientras se dilucida si los bancos ponen tanto o cuánto, se obtiene luz verde del Obispado y se preparan para la Magna (otra inversión que puede ser paliada por la Agrupación), las elecciones por venir aun no tienen fecha ni candidatos conocidos. Solo la certeza de que todo está empezado y, salvo las imágenes del misterio, todo a medio hacer.





