María Dolores Jiménez, candidata a Hermana Mayor de la Quinta Angustia: «No vengo a imponer, sino a sumar. No vengo a dividir, sino a unir. No camino sola: me guía el Espíritu Santo»

La candidata ha enviado una misiva a sus hermanos en la que asegura que «el futuro y el modelo de Hermandad no lo decidimos según nuestras preferencias personales, sino que lo inspira el Espíritu Santo»

María Dolores Jiménez Aguilar, hermana de la corporación desde el año 2015, ha oficializado su candidatura a Hermana Mayor de la Hermandad de la Quinta Angustia de Córdoba. Lo ha hecho a través de una carta dirigida a los hermanos, a la que ha tenido acceso Gente de Paz, en la que desgrana su propuesta y comparte las motivaciones que la han llevado a dar este paso. En el inicio de su mensaje, expresa con sencillez y determinación: “Con respeto, con ilusión y con el corazón lleno de fe, me dirijo a vosotros para compartir una decisión profundamente meditada y orada: presento mi candidatura como Hermana Mayor de nuestra querida Hermandad de la Quinta Angustia”. Lejos de tratarse de una ambición personal o de una aspiración premeditada, la candidata reconoce que “no lo tenía previsto ni lo había buscado”, pero afirma con certeza que han sido los propios Titulares, Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder y Nuestra Señora de la Quinta Angustia, quienes, “con amor y voluntad divina, me han conducido hasta aquí”. En este sentido afirma: «sé, con certeza, que han sido nuestros amados titulares Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder y María Santísima de la Quinta Angustia quienes, con Amor y voluntad divina me han conducido hasta aquí«. Añade que han sido ellos quienes la han sostenido con fortaleza y ternura en los momentos más íntimos y difíciles de su vida, y que siente este paso como un acto de “obediencia, entrega y amor”.

«Sé, con certeza, que han sido nuestros amados titulares Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder y María Santísima de la Quinta Angustia quienes, con Amor y voluntad divina me han conducido hasta aquí»

En su exposición, Jiménez recuerda que desde su incorporación como hermana ha caminado con devoción creciente dentro de la Hermandad, alimentando un lazo íntimo de gratitud, fe y compromiso, al que se suma una vinculación emocional muy especial con la talla de Nuestro Padre Jesús, fruto de una historia familiar que no detalla, pero que deja entrever como profundamente significativa. Desde una visión teológica clara, afirma que “esta Hermandad no nos pertenece: es de Dios”, y sostiene con firmeza que “el futuro y el modelo de Hermandad no lo decidimos según nuestras preferencias personales, sino que lo inspira el Espíritu Santo”, reconociéndose como un instrumento humilde para hacer posible lo que Él desea. En esta línea espiritual, afirma: “Vengo a recorrer ese camino con vosotros, como una hermana más, con las manos abiertas y el corazón dispuesto”.

El corazón de su mensaje gira en torno a una profunda convicción eclesial y comunitaria: “Ser hermano es vivir en clave de generosidad, respeto, humildad y buena voluntad. Es renunciar al ‘yo’ para dar paso al ‘nosotros’, sabiendo que todos tenemos un sitio, y que en el rostro de cada hermano se refleja el Rostro de Dios”. Considera que todos los miembros de la corporación son igualmente importantes, “porque así somos ante el Señor: únicos, amados e indispensables en esta comunidad de fe”, y formula, desde esa conciencia, sus compromisos principales: fomentar decididamente la vida espiritual a través de la oración, la Eucaristía y la formación; impulsar una gestión abierta, transparente y participativa; crear espacios de fraternidad real, “donde nadie se sienta fuera”; y escuchar siempre “con humildad y con el corazón abierto”.

«Ser hermano es vivir en clave de generosidad, respeto, humildad y buena voluntad. Es renunciar al ‘yo’ para dar paso al ‘nosotros’, sabiendo que todos tenemos un sitio, y que en el rostro de cada hermano se refleja el Rostro de Dios»

María Dolores Jiménez concluye su carta con una reiteración de su disposición de servicio: “No vengo a imponer, sino a sumar. No vengo a dividir, sino a unir. No camino sola: me guía el Espíritu Santo, me sostiene Jesús, y me acompaña María como Madre y Maestra”, y resume su anhelo más profundo diciendo: “Solo deseo servir, construir, y vivir esta Hermandad como lo que es: una familia de fe, esperanza y caridad, bajo la mirada amorosa de nuestros Titulares”. Finalmente, agradece de corazón la atención prestada a sus palabras, solicita a los hermanos su oración y, si así lo sienten, su voto de confianza, rematando su intervención con una expresión que aúna teología, fraternidad y espiritualidad compartida: “Cuando mires a tu hermano, que reconozcamos en cada uno de ellos el rostro de Dios. Pongamos nuestra vida en Sus manos y en las de Nuestra Madre”.