A contracorriente | El taxista y las procesiones

Coger un taxi en Córdoba, en determinadas ocasiones y momentos, es oficio de héroes. Puede tardar y puede que tengas que usar los comodines de la llamada, de la aplicación o del WhatsApp, pero cuando esperas, porque no te queda otra, a que llegue y te lleve a casa es mejor que ganar el Balón de Oro.

Y, cuando esas victorias sutiles llegan, no lo hacen solas. Por providencia, destino o karma en el trayecto salen a relucir las hermandades. El taxista, por como se expresa, no parece cofrade, pero sí sabe de lo que habla cuando las procesiones salen a relucir.

“Cuando llega septiembre ya es un no parar”, dice el taxista. No se queja demasiado de los desvíos y demás, si bien apunta que una carrera popular se ha sumado al fin de semana, para rizar el rizo de los eventos de la ciudad.

El hombre, como decíamos, no critica, pero sí apunta objetivamente que hay un buen número de procesiones cada fin de semana. Este en concreto han sido seis, entre traslados y rosarios camuflados, cuales navy seals cofrades aguardando la salida como el militar la operación en un país extranjero.

El taxista, tal vez por prudencia, no va más allá, a diferencia de hermanos mayores, miembros de juntas de gobierno y demás cofrades de distinto cargo, que hablan de hastío mientras ninguno alza la voz en público.

En la puerta de San Lorenzo se veían este domingo las consecuencias del exceso, con un reducido grupo de personas esperando la procesión. Morir de éxito está cada vez más cerca.