A contracorriente | El tiempo de los 300 (costaleros)

300 faldón

Se acaba el año y, en unos días, todo el lenguaje del cofrade (o buena parte de él) se centrará en la precuaresma, en las igualás y en anuncios de toda índole.

Veremos en los próximos meses anuncios (valga la redundancia) de todo tipo y condición. Algunos tan delirantes como los de las colonias que invaden la parrilla televisiva meses antes de que lleguen Santa Claus y los Reyes Magos.

El mercantilismo llegó para quedarse y, como la historia ha demostrado sobradamente, la planificación económica no funciona, aunque esté volviendo para arrebatarnos las pocas cuotas de libertad que nos restan.

El algoritmo funciona y sabe que, paulatinamente, nuestra mente se adapta a cualquier cosa. Como ya en su día pasó con aquellos costaleros que tenían asumido que, ni eran bien vistos y que su sino era hacerse el paso de mármol a mármol.

Ahora el costalero sabe bien que estar de pico es el ideal y que es muy normal que se presenten más de cien aspirantes a una igualá, para dos o tres huecos que ya están casi adjudicados.

Quien dice cien dice 300 y no los de las Termópilas. Estos no van a morir, pero sí a perseverar porque llegue su año, ya sea el once, el doce o el trece. Da igual, todo tiene su premio.

El único pero es la tendencia, que puede cambiar en cualquier momento y esa puede que sea la condena de las igualás, las precuaresmas y el sinfín de actos. Esto no se hundirá, pero habrá que asumir que del fondo ya no queda nada, ni 300 que lo tengan claro.