A contracorriente | La previsible predicción de Aemet

No hay nada mejor para los activistas del cambio climático, que una buena rueda de prensa donde reivindicar sus dogmas contemporáneos. Los meteorólogos son los nuevos augures etruscos, quienes, en lugar de observar el vuelo de las aves (que también), contemplan como cada estación y cada año son más cálidos que el anterior y más secos, aunque esté lloviendo como en Manchester.

Da igual que hayas pasado frío en os últimos meses o que uses el paraguas como el que que se pone gafas o lentillas cada día, el dogma de la asunción del cambio climático está ahí y no lo sabes interpretar, porque no ejerces el sagrado ministerio de alertar de la lluvia torrencial, de confesarte tras un tren de borrascas, ni de comulgar con los avisos ni de hacer penitencia viendo los colores, cada vez más oscuros, de los mapas, ni de asentir cuando el gran pecador es el hombre que contamina, ya sea en las fábricas o piniendo el aire acondicionado por debajo de los 26 grados, el muy pecador.

La religión moderna es así y la Aemet es su Catedral. Por ella transitan los cofrades de la alarma constante y el delegado de la Agencia en Andalucía es uno de sus obispos. Desde su atril, privilegiado de catástrofes naturales, el buen presbítero moderno afirma que la sequía no se ha acabado y da igual lo que se diga, pues lo rebatiría con cualquier argumento vacuo, pero asumido por la gran caterva de voceros que tienen.

Usted sabe lo que ha llovido desde la Semana Santa del año pasado, cómo están los embalses, cómo vienen los ríos, arroyos y manantiales y cómo cualquier descampado parece una marisma, propia de las plantaciones de arroz de Vietnam. 

También sabrá ya que el prelado sureño de la Aemet no se ha mojado (porque hay sequía aun) sobre si lloverá en Semana Santa. Dice que estadísticamente suele caer agua un par de días. Eso también lo puede decir usted y hasta que hay semanas santas como las del año pasado, otras con frío (aunque más cálidas que la media del último siglo) y otras en las que brilla el sol como en la canción de La Guardia. Pero no se equivoque, así son de previsibles las predicciones de Aemet por culpa del cambio climático.