A contracorriente | Las dos cosas más meritorias de una cofradía

Altar de cultos de la Buena Muerte

Habitualmente fijamos la mirada, en cuanto a lo cofrade se refiere, en numerosos aspectos. Desde quienes se fijan en bandas, repertorios o capataces, hasta quienes inciden en la formación y en la obra social; todos llevan su dosis de razón.

Pero hay dos aspectos en los que el mérito se torna sustancial por diversos motivos. Se trata del andar de la cofradía y del gusto por unos cultos bien montados. 

Si atendemos a esto en Sevilla no sería nada fuera de lo común, pero más allá del gran referente cofrade, en otras latitudes ver a un cortejo andar bien es equiparable a la proeza.

Con los altares de cultos sucede algo similar y, pese a que en los últimos años se han ido cuidando, no deja de ser evidente que es un camino en el que queda por profundizar.

La Hermandad de la Buena Muerte de Córdoba lo ha hecho en los últimos años con sus altares, bien llamando a figuras indiscutibles en dicho campo (como Álvaro Doctor), bien haciéndolo los integrantes de la propia cofradías en los más recientes.

Y todos ellos han logrado algo sustantivo, presentar a hermanos y devotos altares que llamen a la espiritualidad desde la grandeza de la cera y flor realzando a sus titulares. Se puede ver estos días en San Hipólito. Ver, contemplar y disfrutar, eso siempre es la mejor de las partes de este tiempo y la Buena Muerte da esa oportunidad.