A contracorriente | No solo con las Cruces

La popular Cruz de Mayo instalada por la hermandad del Resucitado en la plaza del Conde de Priego. Foto: PacoRomán

El Ayuntamiento de Córdoba ha comenzado a tomar decisiones, prudentes de momento, pero decisiones al fin y al cabo. 

Ha sido con las Cruces de Mayo, con las del casco histórico para ser concretos. Y lo que se ha determinado es que no se darán más permisos, que quienes pierdan el enclave ni lo recuperarán ni se lo darán a otro. En resumen, más duros. 

Un rigor que afecta a las hermandades y que se circunscribe a una celebración que apenas dura cuatro días, pero que turba a los vecinos que quedan en la zona, que van menguando poco a poco. 

Se podría llamar la Córdoba vaciada y se podría afirmar que las Cruces no son el problema, aunque ayudarán con su cuota ebria y los botellones perseguidos, a diferencia del sambódromo etílico de El Arenal, tan celebrado. 

La decisión tiene su lógica y pretende proteger el rico patrimonio de una ciudad que, por otra parte, está más dejada que cuidada e invadida por las ordas extranjeras que ahora llaman turistas. 

Para eso último no hay solución plausible, pues son las bujías del motor económico de la ciudad, la misma que los visitantes han hurtado a los oriundos y entre los que es más difícil caminar que en cualquier procesión. 

Pero no habrá medidas para ello y sí ha comenzado la carrera para sacar a las cruces del corazón de la urbe y mandarlas a extramuros, que allí se ve que aunque hay más vecinos, o son más sufridos, o dan menos ruido.