A contracorriente | Preguntas que hay que hacerse

Cuestionarlo todo es un ejercicio de salud espiritual, aunque entre tanta pregunta sin respuesta -aparente o lógica- el equilibro entre lo razonable y el absurdo se rasgue, igual que se curva el espacio-tiempo. 

En cofradías, esas cuestiones no son fundamentales y muchas son fruto del espectáculo, pero llevan a otras y a otras. El penúltimo y sonado ejemplo ha sido el de la agrupación musical de La Redención y su salida de Monte-Sión, donde casi cualquier hijo de vecino señala que es el fruto de una campaña.

Sea verdad o una teoría de la conspiración que añadir a la lista, lo que no deja de ser cierto que a la banda se le dio fuerte y flojo (disculpen la expresión) desde algunos sectores. Tampoco hay que olvidar que las juntas de gobierno son soberanas, pero no se puede obviar que las tendencias se crean con una facilidad al alcance de cualquiera.

El que opina (sea desde la plataforma que sea) siempre debe preguntarse por las consecuencias de sus enunciados y, a la vez, estar preparado para la reacción. Y esto no es algo que se aprenda en un día ni dos y, a veces, ni en una trayectoria entera.

También hay que hacerse otra pregunta en este campo y no solo es a quién perjudica la opinión, sino a quién beneficia. Y, aunque en el caso de La Redención la beneficiaria a simple vista pueda parecer que el la banda que se queda con el contrato, más allá del horizonte pueden existir otros agraciados.

Si es que las campañas existieran o existiesen, siempre hay que preguntarse por ellas y todos los prismas que se nos ocurran, porque en alguna de las respuestas (querido lector) estará la solución. Pregúntese.