A paso mudá | ¿Hacia qué Semana Santa vamos?

Cada año, cuando llega la primavera y con ella los primeros ensayos, los cultos preparatorios y el murmullo de las calles en vísperas de Semana Santa, me asaltan las mismas preguntas: ¿sigue siendo esta manifestación religiosa un reflejo sincero de nuestra fe o, poco a poco, se va vaciando de contenido para llenarse de formas? ¿Somos conscientes de lo que celebramos o simplemente repetimos una costumbre que, sin darnos cuenta, hemos convertido en rutina?

Hace un año escribí sobre la religiosidad actual, esa que parece caminar a “paso mudá”, sin estridencias, pero también sin dirección clara. Y hoy sigo percibiendo esa misma deriva. Las cofradías, que nacieron para dar testimonio de fe, de compromiso con la Iglesia y con los más desfavorecidos, corren el riesgo de convertirse, si no lo han hecho ya, en estructuras centradas más en el patrimonio, la estética y el prestigio social que en el Evangelio. Se ensayan pasos, se bordan mantos, se restauran imágenes, se organizan conciertos… pero, ¿cuánto se profundiza en la formación cristiana, en la vivencia comunitaria, en la caridad real?

No se trata de negar lo bello, ni de despreciar la tradición. Al contrario. La Semana Santa es un tesoro cultural y espiritual. Pero cuando el envoltorio pesa más que el contenido, cuando los aplausos son más importantes que el silencio, cuando se mide el éxito de una hermandad por el número de cirios y no por el testimonio de sus hermanos, entonces algo se está rompiendo.

Veo con preocupación cómo se vacían los templos el resto del año mientras se llenan las calles durante la Semana Santa. Cómo se multiplican los cofrades de túnica, pero escasean los que se arrodillan ante el sagrario. Cómo se cuidan los detalles del cortejo procesional mientras se descuida la vivencia comunitaria de la fe.

Después de esta Semana Santa deberíamos preguntarnos, desde lo más íntimo: ¿qué papel juega realmente Dios en mi hermandad, en mi devoción, en mi vida? ¿Estoy formando parte de una puesta en escena o de una manifestación profunda de fe? ¿Estoy dispuesto a seguir a Cristo, no solo entre palmas y flores, sino también en la cruz de cada día?