La Champions del ridículo

Algo que actualmente está de moda hablar en nuestra festividad más querida, es, sin duda alguna la música en las cofradías. Una música que parece ser la más completa en los últimos años, la cual, a nivel compositivo, se aleja bastante a antaño, pero lo cual no pongo en cuestión, ya que el tiempo es el que marca el devenir de todo; así que, lo bueno se quedará y lo malo se irá al cajón.

Y es que, en todas nuestras provincias tenemos grandísimas formaciones musicales referentes. Por ejemplo, y citando solo a algunas (no puedo citarlas a todas porque necesitaría otro artículo), en Córdoba encontramos a Cristo de Gracia en su momento más sobresaliente, así como a la Salud en el ámbito cornetístico; en Jaén al Despojado, a Pasión de Linares o Asunción de Jódar; en Almería a la banda del Carmen o a Nuestra Señora del Mar; en Granada está la Estrella o el Despojado a un gran nivel; en Málaga la banda del Paso y Esperanza, así como la agrupación San Lorenzo Mártir; en Cádiz, los Polillas, Sentencia de Jerez, las Lágrimas de San Fernando o la propia Rosario; en Huelva el Nazareno o la agrupación de la Cena; y por último, en Sevilla, la Redención, los Gitanos o Virgen de los Reyes en el ámbito de las agrupaciones, así como Tres Caídas de Triana o Cigarreras por el otro.

Y un largo etcétera de formaciones musicales las cuales están a un grandísimo nivel para poder cubrir cualquier actuación en cualquier punto de Andalucía.

No obstante, hace unos días me llegó un cartel sobre un evento llamado «la Champions de las bandas», el cual clasifica a varias bandas fijas más algunas locales, cambiando según la localización del evento. Realmente, desconozco si esto es real al 100%, pero, si así lo fuera, es para hacérselo mirar. Un despropósito que ya no solo margina a otras tantas formaciones de igual nivel, así como de nivel inferior, sino que hace convertir esto de forma oficial en una competición. Y lo peor de todo es que parece ser que dicho evento tiene varios patrocinadores, de uno de los cuales surgen las polémicas más llamativas de la Semana Santa de Sevilla en un programa de televisión. O sea, que, poniéndonos en situación, se podría casi obviar que dichas bandas (sin quitarles ningún mérito y sin dudar de la calidad), están puestas a dedos por pseudoperiodistas y críticos musicales sin formación alguna. Más bien, hablamos de un chiringuito.

Podría seguir escribiendo sobre este tema, pero creo que no merece dar más publicidad a personas que fomentan estos tipos de eventos, el desprestigio y, de forma indirecta, el odio. Son necesarias más dosis de humildad y trabajo que de bienquedismo con amigos para darles publicidad, que por cierto, no necesitan.