Como ya sabemos, este puente de la Inmaculada ha tenido lugar una magna procesión en la ciudad de Sevilla. Un evento único y singular, que sin duda, pasará a la historia hispalense. Las devociones más populares de la ciudad y de la provincia, se han dado cita en la Santa Iglesia Catedral, para posteriormente, realizar un traslado-procesión hasta sus templos. El día antes, hicieron lo propio las corporaciones sevillanas en los traslados de ida. Sin duda, estampas históricas quedarán en la retina de los que allí estuvieron.
Por lo tanto, después de un acto de tal magnitud, las opiniones al respecto fueron diversas. Como era obvio, las críticas iban a existir, sobre todo para aquellos que tienen una coraza y no ven más allá de lo suyo.
Un ejemplo de como llevar la tradición a cualquier lugar fue el que dio sobre todo la Hermandad de Setefilla, con la tradición trasladada a la ciudad. Así pues, muchos etiquetaban de «catetos» a los loreños por haber sido fieles a su idiosincrasia y su manera de querer a la Santísima Virgen.
Las demás hermandades, hicieron unos traslados aparentemente «normales» a juicio de muchos sevillanos.
En cuanto a los horarios, todo fue según lo establecido, con retrasos incluso más cortos de lo esperado, incluso con adelantos por parte del Gran Poder y la propia Setefilla.
En lo televisivo, muchos medios quisieron retransmitir tan magnífico acto, algo de agradecer para aquellos que no pudieron estar. No obstante, también hay sombras entre tantas luces, como comentarios tan desafortunados sobre el presidente de la Junta de Andalucía, así como llegar a suponer públicamente que el Señor del Gran Poder, quien sabe si en un futuro no es la gran devoción de la ciudad de Sevilla. Este último comentario, ¿es necesario en dicho día?
En definitiva, muchas opiniones. Unas criticando que solo debían ser imágenes de la ciudad; otras, alabando que fueran también las devociones de los pueblos.
El resumen es simple: día para la historia.





