Yéndome hasta noviembre del pasado año, escribía en uno de mis artículos las siguientes líneas:
Ya en algunos chiringuitos, comenzaron comparando a las bandas con famosos de la música española actual, haciendo referencia a que ellos llenan recintos por sí mismos; ¿por qué no iban a poder hacerlo varias bandas? Según la opinión de los “incuestionables”, hay que poner en valor la música procesional y pagar lo que valen las bandas, sí. Pero ¿quién se lleva realmente el dinero de un acto así? Por favor, no seamos incrédulos. El negocio montado alrededor del evento canta por sí solo, y desde la capital andaluza, algunos que se hacen llamar periodistas, nos quieren imponer su ley, su negocio y su creencia.
A día de hoy, 1 de julio, recién comenzado el verano prácticamente, ya se han podido deducir algunas cuestiones de forma más que claras.
Por ejemplo, en primer lugar, ¿qué razón de ser tenía el macroconcierto de la Champions? Quizá separar, quizá valorar, quizá unir. Y lo que yo saco claro de esto es una cosa a la vista de todos: del éxito al fracaso. Un par de ediciones donde las bandas locales (sobre todo en Córdoba) fueron ninguneadas y que, lo que se vendió como algo único, a día de hoy ha tenido los días contados.
Seguidamente, el compadreo de meter hasta en la sopa a ciertas formaciones musicales, con más fuerza en las bandas de Cristo, desde un sector que si no vas con ellos, te bloquean en todos sitios. Y es que las opiniones sin desprestigiar a los demás, siempre serán acogidas por el público sensato; en cambio, las que se sueltan según tu «vertiente», crean aún más la disputa entre iguales. Es por eso que, lejos quedará un contenido de calidad en ciertos medios audiovisuales.
Por otra parte, tenemos a los que se crean el pseudónimo de turno, aunque más conocidos que las Setas de la Encarnación, que tratan de ir de influencers, queriendo impartir cátedra y tratando a todo el mundo en un nivel inferior. Pues no mire usted. En las barras de bar, como comunmente se dice, hay gente de un lado, de otro, con opiniones distintas que se comparten desde el respeto. Y eso mismamente, es lo que algunos no son capaces de demostrar, por lo que el personaje se comió a la realidad, a la verdad.
Por lo cual, prácticamente medio año después, va quedando claro que la Semana Santa cada vez parece más un partido político que lo que realmente es.
Para todo lo demás, sigan bloqueando, sigan tuiteando de forma anónima y sigan creyendo todo lo que la gente de «a dedo» dice, en vez de dejaros llevar por vuestras impresiones.





