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El Cirineo, Opinión

A ver si aprendemos, de una puñetera vez, quién es el enemigo

He de reconocerles que el sentimiento que me embarga, tras el nuevo ataque que hemos sufrido los cofrades – todos, a ver si aprendemos lo que es el corporativismo – no es fácilmente identificable. Se encuentra a caballo entre la desolación, la indefensión, la indignación, la repugnancia y el asco. Sentimientos de muy distinto calado, incluso contradictorios, que convergen alrededor de una sensación perfectamente definida, la sensación de injusticia. La repugnante injusticia perpetrada contra la pro Hermandad de la O es uno de los sucesos más graves de cuantos han sido realizados contra las cofradías cordobesas desde que tengo uso de razón por parte de la izquierda y la extrema izquierda distinción que se va diluyendo paulatinamente a medida que unos y otros subraya sus miserias. Ni siquiera cuando la ciudad estaba gobernada en exclusiva por los comunistas nadie se atrevió a ningunear, a menospreciar, a ridiculizar y a insultar a las cofradías como han hecho con la O, bocinazos aparte de Elena Cortés que tal vez preconizó la falta de respeto que estaba por venir.

Insulto, sí, porque es un insulto la oferta de última hora, aprisa y corriendo y encerrona incluida, consistente en ofrecer un colegio público después de dos informes y de haber llevado al asunto al pleno municipal. Un colegio público que, en todo caso, depende de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía – tal vez alguien quiso echarle la pelota al partido de enfrente – y no del ayuntamiento y que en cualquier caso debería someter cualquier decisión al Consejo Escolar, con la incertidumbre que ellos implica, tratándose de un colegio, repito, público. ¿O creen realmente que no iban a salir algún padre manifestando su rechazo? Un recurso miserable de cara a la galería que lo único que pretendía era abocar a la corporación a un callejón sin salida porque ya en la misma reunión se subrayó que la propuesta era inviable: el paso no cabía en el techado de que dispone el colegio. Uno puede pensar que lo único que se pretendía era cubrir el expediente y quizá con ello comprar el silencio de los cofrades bajo una falsa apariencia de comprensión que nadie se cree a estas alturas.

La cosa es muy sencilla, quien manda en los centros cívicos es Izquierda Unida – hundida para los amigos – la que vive abandonada en brazos de Podemos a nivel nacional y a nivel local intenta pugnar puerilmente con la formación morada a ver quién es el más radical de la clase. El Partido Socialista a pocas semanas de las elecciones no iba, en ningún caso, a desautorizar a los comunistas porque son la única baza que tienen para seguir gobernando tras las elecciones municipales. Por eso han perjudicado a la O, como han perjudicado a la Hermandad de Cañero. Porque vale más un puñado de votos y el apoyo de los comunistas en la Casa Rosa que tratar con el mismo respeto que al resto de ciudadanos a los cristianos y a los cofrades. Y para colmo se han atrevido con los más débiles, con los que no están en el club de los poderosos, los que carecen de un respaldo cimentado en un considerable potencial económico y miles de devotos detrás – todavia-, como los matones del cole que machacan, de manera despiadada y cobarde, a quienes saben que se defienden con mayor dificultad.

Han estado jugando semanas con la ilusión de unos jóvenes que llevan luchando desde hace años para construir una hermandad en el seno de un barrio obrero con notable éxito, todo hay que decirlo, y quizá eso – que el barrio sea obrero – joda particularmente a los alegres chicos del puño en alto. Han jugado, sabiendo de antemano, cuál era el desenlace y si se han dignado a reunirse con ellos ha sido única y exclusivamente porque los medios de comunicación hemos levantado tal polvareda con este asunto que se les ha ido de las manos.

Ahora mentirán, inventando ridículas excusas que solo sirven para tapar la realidad: nos odian – o les sobramos, llámenlo como deseen -, y van a perjudicarnos cada vez que tengan ocasión. Manipularán, inventarán, engañarán, como ha hecho Aumente – y sus voceros – al respecto de la otra vergonzosa negativa sufrida por una cofradía cordobesa la perpetrada contra la Presentación al Pueblo de Cañero, que seguirá siendo de Cañero le guste a quien le guste, alegando razones de movilidad que difieren ostensiblemente con las aportadas por la propia policía local a la corporación y que no se cree nadie, porque se trataba de cortar una avenida apenas unos minutos, en una zona con múltiples salidas e itinerarios alternativos para los poquísimos conductores que a esas horas deambulan por la zona.

Mentirán, una y otra vez, sin que se les caiga la cara de vergüenza, y sus pregoneros, en Diario Córdoba y en Cordópolis, amplificarán de manera repugnante el mensaje, que para eso están, como una Sexta de andar por casa. Y si hay que machacar a las cofradías, lo harán. Luego, mandarán a tres fotógrafos y a un par de redactores para pasar la mano por el lomo de los cofrades que aún se dejen engañar, disfrazados de color morado – morado cofrade no confundir con el otro -, y mañana volverán a hacerlo; justificarán lo injustificable y colaborarán con socialistas y comunistas a difundir sus mentiras para travestir de razones lo que no es más que desprecio.

Hoy, con estas dos negativas, son muchos los que tienen razones para estar extremadamente felices: todos los que votan a partidos de izquierda, todos los que odian a las cofradías, todos los que quieren mandar las procesiones al Arenal, todos los que ponen denuncias cuando una banda o una cuadrilla ensaya, todos los que quieren robarnos la Catedral, los podemitas, los de la bandera republicana, los defensores del independentismo catalán, los que insultan a la iglesia, los que hablan de libertad de expresión cuando se mancillan las iglesias con pintadas, los que comparten los rebuznos del presidente de México contra España, los que justifican los pitos – más rebuznos – contra el himno de nuestro país, los de Al Zahara, los chicos de Pedro García y Alba Doblas, Aumente, Ambrosio y Ganemos… Y los cofrades mientras tanto, seguiremos soportando los golpes uno tras otro, mientras el cuerpo resista, peleándonos entre nosotros porque no me ha gustado una crítica a una marcha o una levantá o cualquier otra memez sin importancia. Seguiremos atacándonos entre nosotros, sin darnos cuenta dónde está realmente el peligro… y votando… A ver si aprendemos, de una puñetera vez, quién es el enemigo.

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