La escalada de violencia contra la Iglesia católica en general y hacia todo lo que huele a incienso en particular continúa su inasumilble, peligrosa e intolerable escalada de violencia jaleada sin que a nadie se la caiga la cara de vergüenza desde determinados ámbitos sociales e incluso ciertos partidos políticos. Frecuentes son las diversas manifestaciones que inundan las redes sociales en los últimos tiempos que incitan al odio y la violencia contra la religión católica y todos sus miembros.
Derivada de esta escalada que continua creciendo de manera exponencial son los sucesivos ataques contra el patrimonio de muchos templos e incluso contra imágenes devocionales que se vienen multiplicando en los últimos tiempos, que se trufan con las campañas organizadas incluso desde ayuntamientos presuntamente democráticos para expropiar a la Iglesia propiedades que les pertenecen desde hace siglos, como está ocurriendo en ciudades como Zaragoza o Córdoba, lugar, en esta última ciudad donde la alcaldesa, Isabel Ambrosio, ha creado una comisión formado por cuatro relevantes socialistas para que justifiquen documentalmente una futura expropiación de la Catedral.
El último episodio de violencia sufrido en este caso por un miembro de la iglesia ha tenido lugar en Granada y denunciado por la víctima en el programa Herrera en COPE. Una religiosa de Granada, Sor Rosario, que trabaja con niños en una Escuela Hogar de Granada, ha denunciado este viernes en los micrófonos de Carlos Herrera una agresión sufrida de un sujeto que le daba la golpeó por ser monja como el propio agresor reconoció en el momento del ataque.
Los efectos del ataque han sido rotura de nariz y la cara hinchada. La víctima ha lamentado la violencia latente contra personas que como ella, viven desde el respeto. La monja ha subrayado que vestía hábito en el momento de la agresión, por lo que supone que el individuo, que tenía complexión fuerte y los brazos y piernas con cicatrices, debía conocer su trabajo diario.





