La polémica creciente que tiene como asunto nuclear el intento de expropiación de la Catedral por parte del Ayuntamiento de Córdoba ha propiciado una espectacular bronca en redes sociales protagonizada por las cuentas oficiales del Partido Popular en Córdoba y Ganemos Córdoba, la marca blanca de Podemos, que tras culminar el cruce de acusaciones entre ambas formaciones ha terminado su alocado discurso llamando ladrona a la Iglesia Católica, lo que implica llamar ladrones a la curia eclesiástica y a todas las personas que la componen, porque, a riesgo de redundar en lo que todo el mundo sabe, todos los fieles católicos conforman la Iglesia, por lo que su acusación se extiende a todos los católicos de Córdoba.
La formación morada que se traviste de verde en la ciudad de San Rafael, ha lanzado a través de su cuenta oficial lindezas como que “la iglesia – recuerden todos los católicos – ha robado, gracias a una ley franquista, la Mezquita de Córdoba a la ciudadanía cordobesa” añadiendo que “Robar es pecado”. No contenta con ello ha subrayado que “acusamos de saqueo a los líderes políticos y organizaciones que defienden que la iglesia Católica haya robado la Mezquita de Córdoba”. Para concluir su sarta de improperios e insultos, ha formulado la pregunta retórica “¿Te imaginas que te roban la cartera y el PP de Córdoba, en lugar de llamar a la policía, va y encima defiende al ladrón?”
Una secuencia que incide en esa escalada de violencia contra todos los miembros que forman parte de la Iglesia, todos y cada uno de los católicos, lo que comienza a ser preocupante en la medida en que, de un tiempo a esta parte, comienzan a reproducirse ataques de diversa índole e intensidad contra templos, imágenes religiosas e incluso personas, como ha sucedido en Granada, donde una persona ha sido agredida por ser monja, según manifestó el propio agresor. Una escalada de violencia alentada por un estrato social perfectamente definido que puede terminar teniendo consecuencias imprevisibles y muy peligrosas si quienes continúan avivando las llamas siguen sin poner cordura.









