Hablar de la Virgen de Valme es hacerlo de una de las devociones esenciales de la archidiócesis de Sevilla. Una imagen que despierta una veneración cuyo origen se pierde en la memoria de los tiempos que se ha ido potenciando y alimentando, de generación en generación, desde que Sevilla tiene memoria. La devoción a la Virgen de Valme, Protectora de Dos Hermanas, tiene una íntima relación con la figura del rey Fernando III El Santo y la conquista de Sevilla en 1248, que el cuidado de la memoria colectiva atesorada por la hermandad que le rinde pleitesía conserva como una joya imperecedera, como uno de los símbolos más importantes de la religiosidad popular andaluza.
Con esta devoción incalculable como eje esencial, la sede central de la calle Sierpes del Círculo Mercantil e Industrial de Sevilla, acoge desde este martes una interesante muestra que bajo el título “Valme, por ti cristiana es Sevilla”, ha sido inaugurada para deleite de Sevilla y sus sevillanos. Una exposición que podrá visitarse hasta el sábado 9 de junio en la que se podrán presenciar más de un centenar de obras relacionadas con el origen e historia de esta advocación mariana, y mostrará una evolución iconográfica de la imagen a lo largo de los siglos.
La exposición supone el pistoletazo de salida a la celebración del 45º aniversario de la coronación de la Protectora de Dos Hermanas, que gozará de un punto culminante con la salida extraordinaria del próximo 23 de junio, que tendrá lugar por caer ese día en sábado y que está ilustrado por el experto pincel de Nuria Barrera, una de las máximas referencias contemporáneas de la cartelería religiosa. Para este acontecimiento irrepetible, la artista carmonense ha concebido un maravilloso cuadro anunciador en el que la Virgen es la absoluta protagonista, esbozando esa sonrisa que es seña de identidad y que configura la expresión única e intransferible de la madre de todos los nazarenos.
Una obra que desprende una sensación de alegría indisimulada, merced al azul del cielo festivo que envuelve a la Virgen, «cielo siempre azul y sonriente… propio de la alegría que siempre supone su salida procesional y el fervor que demuestra la gente engalanando las calles ese día», tal y como ha explicado la propia Barrera en la presentación de la obra, y las guirnaldas de papelillos, banderas y petaladas que detallan minuciosamente cada pincelada, tanto que hasta parecen sentirse las oraciones, los cantos y las melodías que envuelven siempre a la Madre de Dios.
A los pies de la Señora, «las azucenas de pureza, los nardos con aromas de octubre y las ramas de olivo, pues ésta fue durante mucho tiempo la fuente de riqueza y trabajo para la gente de Dos Hermanas», culminan la obra conformando un espectacular resultado, muy del estilo de Nuria Barrera, pero dotado al mismo tiempo del sello característico de las creaciones únicas a las que la pintora nos tiene gratamente acostumbrados, enriquecido de la singularidad precisa que convierten a cada uno de sus cuadros en una joya exclusiva.
Y es que el cartel de Barrera para la Virgen de Valme, contienen elementos que evocan irremediablemente al recuerdo íntimo, a las más arraigadas tradiciones y a la niñez, materializada en los papelillos que trufan este óleo sobre tabla, que ha permitido a la autora regresar en cada pincelada a «aquella hilera interminable de carrozas que la seguían por Octubre yendo de la mano de mis padres, a los que tanto tengo que agradecer el acercarme a la riqueza de esta tierra de María y sus tradiciones». Dos Hermanas y el universo están de enhorabuena; una nueva joya de Nuria Barrera brilla en el firmamento por obra y gracia de su infinita creatividad.




