Aprendiendo a ser costalero en el corazón de Poniente

En los últimos años el universo cofrade es testigo de una evolución continua que se revela y se rebela en una multiplicidad de factores. Entre estos elementos esenciales se encuentra la definitiva implicación que los sectores más jóvenes de nuestras cofradías vienen demostrando en todos y cada uno de los campos que constituyen la actividad de las hermandades. Una implicación que se potencia y fomenta a través de la acción desarrollada por los grupos jóvenes que ha ido adquiriendo en los últimos años una importancia inusitada y desconocida por las generaciones pretéritas.

Pero no sólo es a través de los grupos jóvenes como la juventud ha ido ocupando el sitio que le corresponde en aras de fraguar el futuro y cimentar la base que configurará la Semana Santa del mañana. El mundo de la música cofrade y del costal son otras de las áreas donde los más jóvenes de nuestras cofradías han ido abriéndose hueco con paso firme adquiriendo una trascendencia que es consecuencia de sus hechos.

Este domingo la ciudad de Córdoba ha vuelto a ser testigo de un nuevo ejemplo de vitalidad evidenciado por los más jóvenes de nuestros cofrades. Ha sido en la iguala del pasito de la Inmaculada que forma parte del cortejo del Corpus de la Hermandad de la Sagrada Cena. Poniente ha sido testigo de cómo en los aledaños de la iglesia del beato Álvaro de Córdoba se han dado cita 40 jóvenes, 40 costaleros que han puesto la primera piedra de una afición que terminará convirtiéndose en verdadera esencia, en espíritu de auténtica hermandad y en esa fe indisoluble y poderosa que emana bajo las trabajaderas y se difunde a cada chicotá, por los rincones de nuestra idiosincrasia.

40 jóvenes que doblan cuadrilla y en apenas unas semanas llevarán sobre sus hombros a la Madre de Dios por las calles de la ciudad, por obra y gracia de su ilusión y su ansia de aprender a ser cofrades y costaleros en el corazón de Poniente de la mano de Antonio Toscano y José Luis Castilla, costaleros de la Cena y capataces de la Inmaculada, que con su buen hacer sabrán canalizar el sueño de estos 40 jóvenes, para que cada golpe de martillo se convierta en una nueva y fructífera lección en esta escuela de cofrades que hoy ha vuelto a comenzar a caminar.