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Racheando

Bandas grandes y música cofrade a golpe de talonario

Tras el comunicado emitido ayer por la Banda de las Tres Caídas del Realejo en el que anunciaban su disolución, son muchas las dudas que me han quedado al conocer los pormenores de su relación con la corporación nazarí.

La banda que estuvo «supuestamente» a punto de acompañar a la Hermandad de las Aguas el Lunes Santo con, según afirman, 200 componentes, se desvincula de su hermandad por falta de apoyo sin formar una nueva banda con otro nombre. Y yo me pregunto, ¿dónde irán los componentes?

Los componentes de verdad, quiero decir, porque tal y como afirman, muchos de los componentes eran músicos profesionales remunerados económicamente amparados en el patrocinio de un empresario que dirigía la formación musical. El mismo empresario que compró instrumentos de primeras marcas, que pagó 200 uniformes, insonorizó y reformó la nave de ensayos. Sin duda un «alma caritativa» que además, contrató a gente como asistentes de la formación, sin saber muy bien que buscaba a cambio.

No quiero pensar mal, de hecho, considero que las bandas y sus componentes deben ser remuneradas por el esfuerzo con el que cargan cada Semana Santa, aunque lo hagan por fe y no se dediquen profesionalmente a ello, por lo menos tener un detalle. Pero, normalmente, todos los beneficios que obtienen las formaciones son para el mantenimiento de las mismas, pagando parte de los uniformes, instrumentos y locales de ensayo, sobre todo si son bandas que no están amparadas por hermandades. Las que si lo están, normalmente si que tienen un apoyo económico, aunque por lo visto esto no ocurría en el Realejo.

La realidad de esta banda, a mi entender, es que su grandeza y su nombre, pese a su calidad musical, la fraguó una campaña de marketing y golpes de talonario. Y no lo digo por los que creo que quedaron para defender pese a todo la supervivencia de su banda y que siguiera honrando a sus titulares con su música, lo digo por los que, quizás, al no recibir lo mismo una vez que el empresario se marchó, abandonaron la formación.

La pena es, una vez más, que una hermandad no estuvo a la altura de la situación y no quiso apoyar a una parte de sus hermanos, que eran los componentes de esa banda, y prefirieron perder hermanos al engrandecimiento de su corporación a través de la música.

Solo me queda mandar fuerza a aquellos componentes que se han visto desamparados, a aquellos que querían seguir interpretando su música tras su devoción, a los de verdad. Se cierra una puerta, ahora solo queda buscar la ventana abierta.

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