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Racheando, 💙 Opinión

«El problema de la celosía -sí, el de la segunda puerta- lo arreglaba yo en cinco minutos»

Parafraseando a mi admirado Antonio Garrido en su serie «El Palermasso», seguro que hay quien podría decir que el problema surgido de nuevo, casi repentinamente, con la celosía de la Mezquita-Catedral de Córdoba lo «arreglaba en cinco minutos». Y es que, a raíz de la noticia de la desestimación del recurso interpuesto por la Junta de Andalucía en el TSJA a la sentencia que anulaba el permiso de apertura de la segunda puerta del templo catedralicio, va a suponer un serio problema no solo para la Junta de Andalucía, sino que es un golpe en la línea de flotación a la Carrera Oficial tal y como la conocemos hoy en día.

Y es que de no seguir con los recursos con sus correspondientes gastos económicos y de tiempo, supondría que esta segunda puerta debería ser retirada y, de todavía mantener la celosía en las mismas condiciones de las que se quitó, reinstalarse en el mismo lugar por la que ahora transitan las hermandades cordobesas en su Carrera Oficial, es decir, volver de nuevo al sistema anterior, el cual no permitía el paso fluido de las corporaciones por el interior del principal templo de la ciudad, al disponer únicamente de una puerta por la que entrar y salir.

Si yo fuese un incendiario malpensado, consciente del país en el que vivimos, el país de la picaresca, diría que alguien con la malicia suficiente lo hubiera arreglado de otra manera, lamentando mucho el daño que hubiera podido causarle a los herederos del insigne arquitecto Rafael de la Hoz Arderius, cuya obra, mundialmente conocida, me merece el más profundo de los respetos -y sin la menor intención de recibir una demanda-.

Un responsable con la malicia suficiente podría haberle encargado la retirada de la celosía a alguien extremadamente torpe… ¿se imaginan que en un movimiento brusco se le hubiesen causado daños a la celosía de modo que ahora fuese imposible su reposición? Dios mío, no quiero ni imaginarlo… pero lo cierto es que el problema se hubiese solucionado en cinco minutos, ni más, ni menos. Y es que no se puede reponer un elemento destruido, porque, en mi opinión, la sentencia, en caso de tener que ejecutarse, debería recolocar el mismo elemento que se eliminó de la estética catedralicia, pero, si ya no existe, no habría nada que recolocar.

De acuerdo con que habría que compensar a la familia del Señor de la Hoz Arderius, de acuerdo con que supondría un coste económico en cuestión de multa tanto a la administración andaluza como al Cabildo Catedralicio y a la Agrupación de Cofradías -alegantes en este último contencioso- pero, sinceramente, ¿no es peor es la pérdida de una Carrera Oficial como la que hoy tiene la ciudad de Córdoba, la pérdida económica en todos los sectores económicos que mueve a día de hoy la Semana Santa, el cual, ya se ha visto tremendamente afectado por la pandemia del Covid-19 este presente año?

Y no olvidemos que el proceso, tenga o no cierto sesgo ideológico -«por ser vos quien sois»-, puede concluir con la sonrisa y el regodeo de aquellos que odian a la Iglesia Católica; un revulsivo para atacar con más fiereza y decir «¿lo véis?, nosotros teníamos razón y ellos lo hicieron mal», y ya me estoy imaginando a ciertas asociaciones cordobesas emitir comunicados con sus soflamas anti-incienso por las calles del corazón de la ciudad de San Rafael.

Sí, ya sé lo que me van a decir, el mismo responsable del que les hablaba, el de la malicia, podría pensar que aún estamos a tiempo de solucionarlo… no digo que a nadie se le pudiera ocurrir hacerlo a conciencia, pero… mira que si la celosía cae, ahora sí, en manos de alguien poco hábil y termina por romperse, ahora sí, en un intento de reinstalación… pone los vellos de punta imaginarlo… tampoco queremos que le pase eso a un elemento histórico y casi icónico de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Por favor, extremen las precauciones… que nadie se abandone a la tentación de arreglar el problema de la celosía en cinco minutos….

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