Aún me ando recuperando del fin de semana laboral y cofrade, que para mí, a veces es lo mismo. Me dejó tiempo la taberna para observar que la mirada perdida del público cofrade no tiene arreglo y va a más. Abriendo el negocio como algo excepcional más tarde de lo establecido, me acerqué a revivir momentos de mi niñez frente a frente con la historia. La Madre de los Desamparados lucía como nunca dejando atrás nuestro consistorio, caída ya la noche. ¡Cuántos recuerdos, cuántas personas se vinieron a mí encuentro en segundos!
Extraordinaria salida, como extraordinarias las manos de un vestidor muy a tener en cuenta en cualquier Cofradía que se precie. Sin embargo, la tertulia más infame se trasladaba a las calles. La mirada perdida andaba buscando a Don Javier Romero, enfermo desde hacía algunas fechas al parecer, no pudiendo disfrutar este día de su despedida. No sabemos si volveremos a ver al Maestro delante de algún paso. A recuperarse. Seguía la mirada perdida de alguno buscando sones, cambios, un dime que te cuente, espera que te cuento yo. Así, toda la noche. Qué pena que la Córdoba Cofrade base su importancia en lo que la mirada busca, no el corazón.
Así me dispuse tras la dura noche de taberna de sábado a ver a la Reina de la Corredera. Socorreros con sus mejores galas, ataviados con sonrisa plena y legado familiar, de ese que se hereda con un beso o un abrazo de madre o padre a hijo e hija. La mirada perdida, nuevamente, se elevaba a colgaduras, vítores y exaltación de la fe en las calles. La nueva Cantillana la llaman los que se quejaban de esta, al parecer para ellos, copia del pueblo sevillano. No vieron sus pupilas, su mirada, nada más, una lástima, pero así andamos.
De las noches de taberna, ni les cuento. Tuve que subir mil veces la marcha «Pasa la Macarena», pues el bullicio conglomerado, era muy poco habitual de mi taberna, cada cual a lo suyo, dejando a entrever que lo importante, es lo que la mirada perdida busca.
– ¿Cuántos pasos saca ya tu antiguo capataz de la Piedad?
– ¿Cuál de ellos?
– Don Carlos Herencia, que es con el único que saliste.
– No, que también estuve un año con Don Juan Carlos Vidal.
– Pues este último, sumando, pero después de Dulce Nombre, el revés viene fuerte. ¿Sabes que lo quitan de delante de Encarnación? Hay quien dice que ya hay hasta sustituto… se habla de uno que ya estuvo por allí…
Y el tabernero, venga a subir el volumen, ahora, de «Encarnación Coronada»
– ¿Has visto como las Penas tenía cuadrilla más que suficiente para pasear, y de paseón gordo a Desamparados?
– Hombre, suena Rafael Cervantes para capataz titular de la Cofradía, no te digo más.
Cambio de disco, pongo «Réquiem». Juego de palabras ahora muy sutilmente conjugado por un imberbe no asiduo a mi negocio.
– ¿Sabéis que en Buena Muerte hay ganas de cambio de capataces?
– ¿Cuál de ellos? ¿Los dos?
– El del Cristo, tiene gracia lo de que al del Palio, lo quieran dejar sin faena. El cartel quedaría sin mano a mano para dejar solo a uno con ambos pasos. Duro trabajo ese.
Qué noche para los sentidos. La del sábado fue una noche en la que el que os habla, no dio para más. Llegué a casa exhausto, muy cansado, pero más aún que en lo físico, en toparme con la cruda realidad de lo que vivimos. Cambio aquí, cambio allá. El cambiar por cambiar es la moda. No importan los trabajos hechos, en proceso o cuajados. Cero miramientos. Cambios para bien o para mal, sin mirar a los Titulares ni en Iglesia, ni en las calles, dejando la mirada perdida a la sinrazón del que va delante, de los que van detrás, o quién es el que lleva la cara de Hermano Mayor.
Serán los nuevos tiempos, porque aunque se empeñan en decir que esto siempre ha pasado, no comulgo con que estuve viviendo en esto tantos años, hasta que mi tiempo di por terminado en el costal. Antes la familia estaba por encima de todo. Ahora, es mejor no encariñarse mucho ni con el músico ni con el capataz de turno.
Y así me marcho, sin haber podido celebrar con nuestro pastel cordobés la despedida del maestro. Lo mismo, monto una tertulia ahora para Octubre, a ver si reputados directores, capataces, e incluso algún periodista, quiere acercarse a esta casa a explicarnos su visión sobre lo que acontece. Me despido y marcho hasta la semana que viene con la mirada perdida, quizá sea yo el que no quiera ver lo que tenemos delante, menudo panorama. Será mejor vivir del recuerdo.





