Estimado, amable y fiel lector, qué fantasía estoy experimentando estos días con las Vírgenes del Carmen.
Hace apenas un par de horas estaba disfrutando del paseo fluvial de la imagen carmelitana del Puente de Triana, que sale desde la Parroquia de la O hasta el Paseo del mismo nombre.
Desde allí, con el paso y los músicos del Carmen de Salteras ubicados en una plataforma, inician la navegación por las aguas del Guadalquivir.
Las estampas que regala es deliciosa, con las dos orillas del río como fondo y el reclamo de las aguas del Guadalquivir.
Se trata solo de un resumen de lo que ha ocurrido hoy, pero los cultos de las distintas hermandades ofrecen momentos absolutamente espectaculares.
Si preguntaran con qué momento quedarse, sería complicado. Igual de emocionante es el sonido de las bambalinas del palio carmelita de Santa Catalina que la visita a los enfermos del Carmen de San Leandro o el saludo de su homónima de San Gil a la Macarena, un instante único que se repetirá mañana sábado.
Y en este marco en el que mi retina no tiene sitio para más contenido que este abanico de actos dedicados a esta advocación, hay sevillanos y visitantes que aún siguen preocupados por el cabildo de la Macarena, el cambio de agrupación en Montesión o la restauración del paso de Pasión.
Ellos dicen que los amantes de las Glorias somos unos frikis. Que con la Semana Santa ya hay pasos y temas de sobra.
Puede que no estén equivocados del todo, pero perder el tiempo, si me lo permiten, valorando las decisiones absurdas e incomprensibles de la Hermandad de la Macarena o flagelándose por los últimos cambios musicales en cofradías como la Lanzada, es cuanto menos incomprensible.
¿Realmente merece la pena rasgarse las vestiduras? ¿Es necesario centrarse en estos temas sin solución inmediata?
Yo no lo creo. Prefiero mil veces embobarme con alguna de mis Vírgenes del Carmen, de la que deberíamos sentirnos orgullosos en Sevilla por su calidad artística y el patrimonio.
Ésa debería ser nuestra prioridad, volcarnos con cada imagen que sale a la calle. Porque es un auténtico privilegio y un deleite para los sentidos.
La realidad, sin embargo, es que la Sevilla cofrade ha optado por centrarse en temas banales que ni van a solucionar de momento; ni les ayudará a ganar calidad de vida, por aquello de la intensidad.
Créeme, amado lector, es infinitamente más hermoso mirar con ojos de niño todas las procesiones, Penitencia, Gloria o Sacramental, que mirarse el ombligo con estos cantos de sirena estivales.





