Burladero | Macarenadas

Estimado y fiel lector, acomódese para disfrutar del mejor momento de la semana leyendo a su amigo Legatus.

La semana cofrade ha sido intensa y agotadora, pero vamos a desentrañarla como a usted y a mí nos gusta, sin anestesia.

El tema del momento sigue siendo la Magna del II Congreso de Hermandades, que trae a Sevilla de cabeza por el caos que va a suponer en todos los sentidos de la palabra. Algunos paisanos ya han planificado su viaje fuera de la capital en el puente con tal de alejarse de la marea humana que va a poblar el centro hispalense. Hacen bien, cuánto más lejos mucho mejor.

No obstante, antes del “esperado 8 de diciembre” habrán actos varios a destacar, y la mayoría de ellos con tintes macarenos.

Mañana mismo se inicia la veneración de la Esperanza, que nadie tiene claro si será besamanos o simple acercamiento de la Virgen a los fieles dado el mutismo informativo que existe en la cofradía de la Madrugada.

Monseñor Edgar Peña entregará la Rosa de Oro a la Reina de San Gil el martes, presumiblemente entronizada en su icónico palio.

Ahora bien… Permítame que me pregunté: ¿Son éstos unos cultos a la altura de la entrega de este preciado reconocimiento papal?

Por los 50 años de la Coronación Canónica celebrado en 2014 la Macarena fue a la catedral, se hizo un besamanos extraordinario, un triduo y un pontifical con pompa y boato en la Plaza de España.

¿La concesión de la Rosa de Oro merece un tratamiento notablemente menor? Parece que la junta presidida por José Antonio Fernández Cabrero piensa que sí, a tenor del programa de cultos.

Cambiando de barrio, Triana se ha despertado esta mañana con su Esperanza en el paso, exquisitamente ataviada para la Magna. No ha habido sorpresas, pero tampoco se esperaban. Hemos visto a la Señora de la calle Pureza como siempre, Triana pura.

Hablando de atavíos, ya se pueden disfrutar los primeros cambios marianos para la Inmaculada. Destaca, y de qué manera, la Virgen del Valle. Está arrebatadora y preciosa con ese terno azul que favorece a la propia imagen. En el lado opuesto tenemos a Nuestra Señora del Carmen, a la que su vestidor Pepe Aguilar le ha colocado el manto con inflador. ¿Nadie se ha percatado de lo antiestético que queda?

El Legatus culmina estas líneas con la bellísima pintura que ha realizado Javier Jiménez Sánchez-Dalp para las latas de los dulces de las monjas clarisas del Convento de Santa María de Jesús en la calle Águilas. Los dulces y este precioso diseño pueden adquirirse en este mismo enclave, ayudando además a las religiosas y el sostenimiento del histórico edificio con esta gran iniciativa.

Me despido deseándole buena semana y soñando con este tiempo de Adviento que nos llevará al nacimiento del Salvador.