La Chicotá de Nandel | Volverte a ver

Van pasando los días sin consideración alguna. Se amontonan a veces en la nada, no hay qué guardar para la memoria, ya cargada de archivos de años y años, aunque en algunos temas, se resuman a eso, a la nada.

Uno busca de nuevo el olor fresco del azahar, un nuevo sonido, nuevas sonrisas en las que encontrar acomodo, y entre tanto y todo, está Ella, soñar con el reencuentro, y todo se vuelve pasado merecido y futuro inquietante, pero reconfortante y deseado.

El Padre siempre está y ha estado pero, ¿y Ella? Ese cúmulo de sensaciones en una sola mirada, en aquella primera vez de reencuentro, solo unos minutos, que no eres capaz de aguantar la angustia de su presencia, tenerla delante y basta, y como impresión final, basta, y sobra.

Esa boca que te quiere decir algo, que lo hará, pero con hechos y gestos diarios, pero boca de la cual te enamoras, pues es donde vas a ir a pedir clemencia y perdón en las malas, y a la que creerás y querrás ver sonreír en las buenas.

Ella, espera paciente, esa paciencia que a ti te falta, pues te falta Ella. 

La que cura enfermedades solo con pensarla, la que ama en la distancia, pues con Ella, la distancia no existe, siempre en la mente, siempre en el corazón.

Ella, es, porque lo es, ese todo diario que es tan imprescindible como única.

Ella, es el futuro, donde será tan necesaria como ese amor que se busca o encuentra, que se fue, o que ahora llega.

Ella, es, fue, será, y querremos que siga siendo, pero todo se resumen en esa palabra y frase que repiquetea en tu mente, ese, volverte a ver.