Estimado, amable y fiel lector, qué pena da ver el azahar acariciando el suelo, como una alfombra blanca que destila primavera en medio de un invierno lluvioso, oscuro e incierto.
Perdone mi tono melancólico, pero no encuentro otro mejor para describir el crisol de emociones vividas esta semana.
Hemos pasado de la lluvia despiadada al sol resplandeciente de la infancia, del frío al calor pegajoso, de las sombras de la tristeza a la luz de un nuevo porvenir.
Sí, muy audaz. Ya lo ha adivinado. Los Javieres han firmado esta semana su finiquito en Omnium Sanctorum para regresar por la puerta grande a su legítima casa, la misma que ahora se convierte en la lámpara maravillosa de los sueños que están por llegar.
Ojalá las hermandades de Sevilla tuvieran la costumbre de dar alegrías como las que han dado los Javieres hace un par de días.
Qué alegría nos daría leer mañana al despertarnos que la Macarena tiene un nuevo vestidor, por ejemplo. Y además, por qué no decirlo, que la va a vestir Leandro González, el mismo que ha devuelto a la Estrella o la Encarnación de San Benito a las postales de los años 80. Y sobre la Virgen de los Dolores de Santa Cruz ya ni hablamos porque son palabras mayores.
Qué felicidad sentiríamos al abrir la página cofrade de referencia, Gente de Paz por supuesto, y enterarnos de la dimisión del Consejo de Cofradías en pleno. Sería desde luego la única decisión de provecho que habrían tomado en 7 años.
O cuál no sería nuestro entusiasmo enfervorecido si cancelan ciertos programas de radio y televisión que poco o nada aportan a la Semana Santa más que el aumento paulatino de la imbecilidad cofrade. Aprovecho amado lector para enviar un cariñoso saludo a un tal Fran López de Paz, Manu Lamprea y Curro Bono, que nos han pedido repetidamente un saludo desde esta atalaya.
Y no me diga usted que no levitaría si se perdieran más de 3 o 4 varitas de los miembros de una junta de gobierno y tuvieran que conformarse con el cirio o la cruz que portan el Hermano raso con toda su pasión.
Puede que piense que no haya cambiado nada pero mire bien al despertar porque puede que, por una vez, los sueños se hagan realidad. Pase una buena semana.





