Dentro de un año tendremos comicios en el arco. La Hermandad de la Macarena celebrará elecciones con un posible duelo entre el actual mandatario, José Antonio Fernández Cabrero; y Santiago Álvarez, quien ya se midió con Cabrero hace 3 años. La diferencia principal residirá en que los papeles han cambiado: Santiago Álvarez ha pasado de dirigir la candidatura continuista a la oposición; mientras el actual dirigente busca repetir gobierno en la corporación de la madrugada.
Es por ello que se empiezan a engrasar ambas maquinarias, y Cabrero ha decidido «recordar» muy oportunamente los logros y bondades de su junta de gobierno en este trienio. Ha sido en el acto de presentación del libro sobre el Patrimonio Inmaterial de la Hermandad, proyecto que ha heredado precisamente de la directiva anterior de la que él formaba parte y a la que se opuso en el anterior cabildo electoral, logrando la victoria.
El hermano mayor se ha jactado en una prolongada intervención de ir cumpliendo su programa paso a paso, punto por punto, sin dejar resquicio posible a que titubee un solo voto por la falta de compromiso. Ese ha sido su primera declaración encubierta a todos los hermanos (a quienes no ha dejado de agradecer su generosidad), medios de comunicación y fieles de la corporación: yo cumplo.
Las sabatinas extraordinarias, camarín de la Virgen abierto todos los días, el besamanos especial a la Esperanza por el 425 aniversario fundacional que «todavía no se ha podido hacer» o la inmensa labor social e integradora que hace la corporación con los vecinos del barrio y las distintas instituciones con las que colabora. Está todo. No falta nada. Y por eso no hay motivo para no elegirme de nuevo. La Macarena es ahora una reloj que da la hora con puntualidad británica, faltó decir.
Y seguía: La escuela de inmigrantes, hecho; la despensa Macarena, hecho; el balcón de la Esperanza, lo estamos financiando, etc. Esto funciona de maravilla y hay que quererme porque yo lo valgo, pensaría el dirigente en su oratoria. Incluso ha insistido en su papel activo durante la gestión de la pandemia sanitaria al frente de la cofradía: «En situaciones extraordinarias tienes que buscar soluciones extraordinarias. No soy yo hombre de complacerme. Para eso no me han llamado aquí».
Cabrero está encantado de conocerse y de lo bien que gestiona una institución con 15.000 hermanos. Ahí va el mensaje a sus hermanos que votaron con energía en unos comicios inciertos; y, ya de paso, el hermano mayor echa la caña para pescar nueva cosecha con la que amortiguar a los críticos silentes que se reúnen en el bar de enfrente a diseñar la estrategia combate. No se relajen, que el camino de las urnas no ha hecho más que empezar. Cabrero ya lo sabe, y está en clave electoral.





