Dicen que las casualidades no existen, pero únicamente una maravillosa y bendita casualidad, de esas que jamás seríamos capaces de predecir, ha podido propiciar que dos significativas obras de la Cuaresma de 2018, creadas por dos de los artistas más importantes del actual panorama de la pintura religiosa contemporánea, coincidan en un elemento esencial de su composición. Una casualidad cósmica, que llama poderosamente la atención y que adquiere una dimensión aun más llamativa en la medida en que están concebidas por dos artistas que representan dos ramas de la cartelería cofrade actual, completamente distintas, antagónicas incluso.
Hablamos de César Ramírez y Rafael Laureano. El primero, uno de los máximos exponentes de esa corriente de la pintura religiosa y la cartelería cofrade contemporánea que podríamos denominar tradicional o costumbrista, «rancia» dirían los no partidarios. El segundo, situado en el otro extremo del espectro, entre los que algunos denominan innovadores o rompedores; mi abuela diría «modernito». Dos artistas indiscutibles, con mayúsculas, reconocidos en todo el orbe cofrade, que coleccionan elogios y aplausos por donde quiera que reparten el genio de su inagotable creatividad y que, pese a su evidente diferencia a la hora de entender el arte que desarrollan, han coincidido mágicamente, haciendo buena la creencia de que a veces los planetas se alinean.
Solo así se explica que el espectacular cartel que Cesar Ramirez ha creado para ilustrar la Semana Santa de Córdoba de 2018 -que fue presentado el pasado 13 de enero-, muestre a María Santísima de Gracia y Amparo y al Señor de la Sentencia sobre un plano de la ciudad de Córdoba y que la composición que Rafael Laureano ha diseñado para ilustrar el boletín de la hermandad de San Esteban -que ha sido presentado este mismo viernes- represente a María Santísima Madre de los Desamparados y a Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje, sobre un plano de la ciudad de Sevilla. Una coincidencia increíble que evidencia que la realidad a veces supera a la ficción.
Una casualidad cósmica, como les decía el principio, alguno podrá pensar en evidente o inconsciente influencia, que certifica que tal vez estas dos ramas tan separadas, tan enfrentadas, en ocasiones artificialmente y alentada de manera más o menos subliminal por parte de determinados comunicadores, tal vez estén más cerca entre sí de lo que muchos presuponen, o quieren hacer creer. Resultará curioso, en este sentido, y estaremos muy atentos al respecto, escuchar y leer los elogios, indiscutiblemente merecidos, a la obra que ha realizado Laureano, por parte de quienes pasaron sorprendentemente de puntillas junto al cuadro anunciador de César Ramírez para la Semana Santa de Córdoba, prácticamente sin reparar en su existencia.
Son las cosas que tiene el periodismo militante y las deudas contraídas, que algunos desde nuestra infinita inocencia seguimos sin comprender. Afortunadamente, por encima de todo ello, siempre nos quedará el arte. El de Ramírez y el de Laureano, tan distinto y, en ocasiones como esta, tan increiblemente parecidos, para alimentarnos de su esencia, haciendo oídos sordos a los profesionales en echar leña al fuego.





