El Capirote, Opinión

Claroscuros del Corpus

La jornada del jueves deja como siempre nubles y claros. Como siempre porque a corto plazo no cambiarán. Para bien o para mal. Porque hay aspectos que no pueden tocarse, pero otros adolecen de una profunda revisión que no llega.

El cortejo sigue siendo tedioso, pero el tema está más que manido ya. Siempre es la pescadilla que se muerde la cola. El primero de los pasos entra, las representaciones primeras cruzando por la avenida de la Constitución, a pesar de la insistencia de que opten por salir por la puerta del Príncipe o la de Campanillas. Y vuelven a cruzar. Que está mal visto que lo hagan los asistentes pero que sean las mismas representaciones con varas y estandarte en mano…

El amplio cortejo de más de 3.500 personas da para mucho. Porque podemos ver un reflejo de la sociedad. La mayoría son gente adulta, algunos ancianos, y escaso número de jóvenes. Que nos sirve para ver cómo es la sociedad actual con un bajo número de nacimientos, pero también para observar el calado que tiene la procesión entre los más jóvenes. En su programa cofadiero Manuel Lamprea afirmó esta semana que él se levantaba a eso de las once para ver la Cena. Y aquí vemos una muestra más del cambio. El poder de las imágenes, que queda palpable cuando a pesar de las altas temperaturas el misterio de la Sagrada Cena iba acompañado por numeroso público en su regreso.

Integrantes del cortejo

¿Y qué pasa con la procesión del Corpus? Según las crónicas hubo bastante público. No sé si los cronistas asisten por su propio pie a apostarse en algún lugar del recorrido y se adormecen esperando o si escriben desde casa. Porque la primera parte del recorrido los claros son más que evidentes. ¿Por qué había una fila de sillas donde antes había dos o incluso tres? Después comienza a llenarse pero para el que suscribe el público era inferior a otros años. Las imágenes con dron no dejan lugar a dudas. Jesús Sacramentado es una devoción que merece las calles llenas hasta los topes. Eso y más.

Pero volvamos al cortejo, algunos afanados en formar parte de las galerías gráficas, deseando hacer un pantallazo y pasárselo a sus colegas. Porque para posar siempre tenemos tiempo. Que se lo digan a los de la Cena, cuando llegó el paso aquello parecía un photocall, todos con amigos, familias, vecinos, delante del paso. Los tiempos cambian y los móviles van ganando espacio. Que se lo digan a Moisés Ruz, que en las ocasiones que pude verlo permanecía atento a su dispositivo. También las plataformas, que aunque son estéticamente un horror –algo así como los pantalones de pitillo– son lo más adecuado para no tropezar con el romero parecen haber llegado para quedarse.

Un joven mira su móvil durante la procesión

Los temas el día del Corpus giran en torno a la longitud del cortejo y el día anterior. La víspera nos dejó una manifestación estudiantil y los traslados de Santa Teresa y la Hiniesta, la primera resguardándose en el arquillo del Ayuntamiento y la segunda en los Terceros. Y unos altares que muestran el buen hacer de muchas priostías. No es que hubiera muchos, que esa es otra, dígame usted quién, con la temperatura que hace, es capaz de levantar un altar y desembolsarse una cantidad entre transporte, flores, cera, para luego volver a casa, –frente a esto un escaparate ofrece mejores ventajas– pero algunos sobresalieron por magníficos. A los tradicionales del Amor y Pasión, exquisitos, se le sumó el buen hacer del Buen Fin o el levantado por los carmelitas del Santo Ángel en la avenida de la Constitución, pero digo yo, ¿nadie estaba allí para decirles que los lienzos con el calor sufren? ¿Y si encima nos cae agua con barro? Eso se preguntaba un visitante a la altura de Casa Rodríguez, que presenció un lienzo prestado por la cercana casa de subastas. Que también sufren las esculturas pero puestos a revisar daños imaginen una pintura.

Las campanitas de la Giralda del paso de las Justa y Rufina, los rayos de sol sacando la policromía de la Inmaculada Concepción, la sonrisa del soberbio Niño Jesús de la Sacramental, Dios mismo recorriendo las calles de la ciudad. Imágenes que permanecen siempre en la memoria. Otras es mejor olvidarlas.