Poco a poco el calendario nos aproxima a las fiestas de diciembre e inevitablemente nos adentramos en la época de más consumismo del año. Ya se encargan los establecimientos y ciudades que inauguran sus alumbrados en pleno mes de noviembre.
Por mi casa vuelan ya demasiados folletos y catálogos de grandes almacenes y la televisión nos bombardea con juguetes innecesarios que a las pocas semanas de la visita de Sus Majestades Los Reyes Magos quedarán olvidados.
Las redes sociales se llenan de menús de Navidad para compartir con compañeros, compañeros que, a lo mejor, ni saludamos el resto del año o dedicamos un minuto.
Nos fotografiamos más alegres que de costumbre, sólo por hecho de que es lo que toca, aunque por dentro nuestro corazón esté muerto de pena y a nadie le importe.
Desde aquí no pido más acción social, pues debe de hacerse todo el año y con la misma intensidad. Sólo pido que pensemos antes de actuar y que reine en nosotros el espíritu de estos meses todo el año.





