No es una imagen en absoluto usual para las generaciones contemporáneas de cofrades de la Paz, presenciar un altar de cultos presidido por el Señor de la Humildad y Paciencia en el altar mayor de la Iglesia Conventual del Santo Ángel. Un enclave tradicionalmente no empleado por la corporación franciscana, por diversas razones, casi siempre directamente relacionadas con la obtención del preceptivo permiso de los Padres Capuchinos.
Únicamente en ocasiones muy especiales, los titulares de la Paz han ocupado este lugar en las últimas décadas, cuyos hermanos se han debido conformar con altares de tamaño mucho más reducidos y, por ende, mucho menos vistosos, situados a uno u otro lado del altar mayor, bien a los pies de la Divina Pastora o, en su defecto, donde se halla la imagen de San Francisco de Asís.
Sin embargo, con motivo del Quinario que comienza a celebrarse este martes, que coincide con la celebración del LXXV aniversario de la bendición de la imagen que tallase el recordado imaginero Juan Martínez Cerrillo, la hermandad ha tenido la oportunidad de implementar un altar de cultos a la altura que merece el Humilde Rey de Capuchinos.
Un altar concebido por el equipo de priostía de la hermandad del Miércoles Santo en el que abundan las piezas de candelería trufadas de flor roja que junto a la tonalidad berenjena de la túnica que luce el Señor, conforman un sugerente conjunto para convocar a la oración en una de las citas esenciales del calendario de cultos de la corporación cordobesa.





