La ciudad de Córdoba ha vuelto a teñirse de luto tras el fallecimiento de una persona importante para la comunidad religiosa y educativa de la ciudad. Ha fallecido D. Miguel Aragón, miembro de la comunidad salesiana de la ciudad califal y autor de distintas obras literarias. Una figura muy respetada, querida y entrañable entre quienes pudieron conocerle. Al conocerse el suceso, las muestras de pésame y de apoyo no han dejado de sucederse. De entre ellas, sobresale la de la salesiana Hermandad del Prendimiento y la del Remedio de Ánimas. Muestras de pésame a las que, como no podía ser de otra manera, nos sumamos. Tenía 93 años de edad y había cumplido los 76 de salesiano y los 67 de sacerdote. Su funeral tendrá lugar el sábado 10, a las 18:30, en el santuario de María Auxiliadora de nuestra casa de Córdoba. .La capilla ardiente podrá ser visitada en el mismo santuario a partir de las 9:00.
Nació en Benaocaz (Cádiz), el 4 de diciembre de 1927. Hizo el Noviciado en San José del Valle (Cádiz), donde profesó el 16 de agosto de 1944. Allí mismo estudió el primer año de filosofía (1944-45). El segundo lo hizo en Utrera Consolación (1945-46), donde realizó también su tirocinio práctico (1946-49). Después del tirocinio estudió la teología en Madrid-Carabanchel (1949-53), donde hizo la profesión perpetua en 1950 y fue ordenado presbítero el 28 de junio de 1953. El curso siguiente fue enviado a Turín-Rebaudengo, de donde regresó doctor en Pedagogía y Licenciado en Filosofía en 1956.
Desde entonces, su labor pastoral la ha venido desarrollando en Utrera-Consolación (1956-58), San José del Valle (1958-59), Ronda (1959-64 y 1997-2002), La Orotava (1964-67), Granada (1967-72 y 1988-97), Córdoba-San Rafael (1972-82), Córdoba-San Francisco de Sales (1982-88 y 2002-09), Málaga (2009-2012) y nuevamente en Córdoba desde 2013 hasta hoy, día de su fallecimiento. Fue consejero inspectorial de 1967 a 1988 y director de las casas donde estuvo de 1964 a 2002.
Creyó firmemente en la misión de los laicos en la Iglesia y se dedicó apasionadamente a impulsar el desarrollo de la Familia Salesiana, sobre todo de los salesianos cooperadores. Fue gran propagador y potenciador del movimiento de los Hogares Don Bosco.Será recordado como salesiano trabajador incansable que animaba a trabajar; alegre, cariñoso; con un amor inmenso e intenso a María Auxiliadora a la que dedicó la mayor parte de sus muchas obras escritas, la última de las cuales se ha quedado sin terminar… Inolvidable será también la publicación mensual “El Patio” que hacía llegar, puntualmente, el primer día de cada mes.





