Cruz de guía | Ascenso y caída

Hay bandas que nacen con una identidad tan marcada que parecen destinadas a perdurar. La Banda de Cornetas y Tambores Coronación de Espinas de Córdoba fue durante años una de esas formaciones que el mundo cofrade miraba con respeto: un sonido propio, una vinculación profunda con la Hermandad de la Merced, y una proyección que le llevó a pisar calles más allá de su ciudad. Pero el tiempo, que no perdona ni a las agrupaciones musicales ni a las cofradías, ha puesto a esta banda frente a un espejo que no siempre resulta cómodo de mirar.

La noticia publicada esta semana en Gente de Paz sobre la ruptura con la Hermandad del Perdón deja claro, sin necesidad de adornos, el carácter cíclico de las formaciones musicales actuales. La deriva forma parte del aprendizaje sobre el que se cimenta el éxito, y para que el éxito regrese a las lomas del Zumbacón necesita un profundo análisis de lo que las hermandades vienen exigiendo.

No obstante, para entender la caída hay que conocer la altura desde la que se cae. La Coronación de Espinas no es una banda cualquiera. Nacida al calor de la Hermandad de la Merced de Córdoba, durante años fue considerada uno de los puntales del panorama musical cofrade cordobés, con una identidad sonora reconocible, un repertorio trabajado y una capacidad para moverse fuera de sus fronteras que pocas formaciones locales conseguían. Sus sones, conocidos popularmente como «los sones del Zumbacón», tenían personalidad. Tenían carácter. Y eso, en el mundo de las bandas de cornetas y tambores, es un capital que no se improvisa. Su presencia en las principales capitales de Andalucía y el inolvidable Santo Entierro Magno de 2004 tras el misterio de San Gonzalo delatan una trayectoria impecable y reconocida en los cuatro puntos cardinales que ahora está sufriendo una recesión, también, todo hay que decirlo, por el escaso apoyo de las hermandades cordobesas a su patrimonio musical.

Las grietas de la crisis

La ruptura con la Hermandad del Perdón no es un accidente. Es el síntoma más visible de una crisis que viene gestándose desde hace tiempo. La decisión fue adoptada por la Junta de Gobierno de la corporación y supone la no renovación del contrato, en una determinación que, según la propia cofradía, no ha resultado sencilla dada la larga convivencia y experiencias compartidas. Cuando una hermandad dice que una decisión no ha sido fácil, está reconociendo que algo se ha roto que no era solo papel firmado.

Las bandas de cornetas y tambores son organismos vivos que dependen de varios factores para mantenerse: número de músicos, calidad musical, gestión interna, y algo tan intangible como difícil de recuperar cuando se pierde: el prestigio. Cuando una formación encadena la pérdida de compromisos históricos sin incorporar nuevos de peso similar, la dinámica se vuelve peligrosa. Los músicos jóvenes buscan proyectos con agenda. Las hermandades contratan donde perciben estabilidad y nivel. Y así, casi sin que nadie lo declare en voz alta, una banda puede ir vaciándose de dentro hacia fuera.

A todo ello se le suma, como bien referenciado queda, la pérdida de confianza de las cofradías cordobesas en sus formaciones musicales locales, que ven más factible una apuesta foránea. Y ese es, quizás, el golpe más duro que puede encajar una banda con vocación de ciudad. No es solo perder un contrato. Es perder la confianza de las hermandades de casa. Y eso duele doble, porque implica que quienes te conocen de cerca, quienes han compartido contigo años de cultos, de traslados, de estaciones de penitencia bajo la lluvia y bajo el sol de abril, han decidido mirar hacia otro lado. Hacia Sevilla. Hacia Málaga. Hacia formaciones que llegan con el cartel hecho y la agenda repleta, pero que no tienen ni una décima parte del vínculo emocional y ahí es donde entra, también, la mercantilización de la Semana Santa.

Aún así, para consuelo de muchos, esta fuga de confianza hacia lo foráneo no es un fenómeno exclusivo de Córdoba, pero en la capital califal ha alcanzado una dimensión especialmente llamativa. El resultado es una paradoja que clama al cielo: mientras Coronación de Espinas firma para acompañar a una cofradía en Jerez, en Córdoba capital sus pasos los marcan cada vez más cornetas y tambores que han llegado desde lejos.