Hace escasos días, el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla publicó los datos oficiales referentes al conteo de nazarenos integrantes de las diferentes Corporaciones que hicieron estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral de la capital hispalense la pasada Semana Santa. Las cifras presentadas denotaron un notable y nada desdeñable incremento del número de nazareno, concretamente en un 26%, durante el intervalo de años que recoge el estudio desde el año 2009. Los resultados mostraron la innegable importancia y auge de una figura que en otros lares no ha tendido igual tino, sino que ha sufrido etapas de letargo y altibajos.
Los números hablan por sí solos y Sevilla hace acoplo de la devoción, la tradición y por qué no hablar del escaparate que delimita el bello contexto de calles y plazas donde se mueven las fraternidades durante la Semana de Pasión. Así pues, la ciudad ha sabido sacar el mejor sabor de boca a la trascendencia de un fenómeno de masas que ha desbordado todas las expectatvias hasta tal punto de motivar el recuento de una de sus figuras más simbólicas de cara a acotar horarios dentro del entremado oficial que recorren todas y cada una de las hermandades que realizan estación de penitencia a la seo hispalense.
Pero, ¿qué ocurre con el resto de capitales?¿Realmente supone el nazareno una figura con una trascendencia notable lejos de la vieja Híspalis? La respuesta lejos de ser afirmativa supone cada año un verdadero quebradero de cabeza para muchas hermandades cada cuaresma que se ven afanadas en intentar aumentar como sea su cuerpo de nazarenos, fenómeno motivado por el lujoso escaparate que tienen en Sevilla y que parece casi imposible de alcanzar. Para desgranar objetivamente los números, escogeremos dos capitales y una ciudad que se codea, en número de hermandades y tradición, con las mejores Semana Santas de Andalucía; Jaén, Almería y Jerez.
El caso de la capital jiennense supone la consolidación de unas cifras de nazarenos al alza pero que escasamente superan un 3% de la población total de la ciudad -comparado con el 8,5% de la ciudad de Sevilla- y que alimentan el aletargamiento que sufre una figura de capital importancia en los cortejos y descuidada por sus hermandades. Un total de 3.365 nazarenos (según datos emitidos por el conocido medio municipal «Pasión en Jaén») recorrieron las calles de Jaén durante los ocho días que dura la Semana Mayor, destacando los desfiles de la Hermandad del Abuelo -con cifras que rondaron los 625 nazarenos-, la Buena Muerte -con cifras que redundaban los 376- y la Cofradía de los Estudiantes -que alcanzó la cifra de 288 nazarenos-.
Caso más curioso protagoniza la Semana Santa de Almería, la cual con casi el doble de habitantes que la anterior, apenas alcanzó el 1,5% (2.746) de la población total según datos de la Semana Santa del año 2019. Así pues, Cofradías como el Prendimiento -con 307 nazarenos-, el Perdón -con 293- y las Angustias -con 227- alcanzaron una más que notable cuantía de nazarenos a lomos de grandes cortejos que marcan los días más importantes de la Semana de Pasión almeriense.
No obstante, quizá la que más se acerque de las referenciadas a los datos de la ciudad de Sevilla -salvando las distancias- sea Jerez de la Frontera. Y es que el número de hermandades y la más que respaldada tradición cofrade que emana de la ciudad gaditana defiende una cifra de personas que visten la túnica nazarena en casi un 5% (10.230) del total de habitantes censados. Así pues, gran gruesto del montante total lo acogen hermandades como el Desconsuelo -con la nada despreciable cifra de 592 nazarenos- la Expiración -con cerca de 511 nazarenos- y la Borriquita -con 457-.
Las tres ciudades son un claro ejemplo de la necesidad que surge de defender la presencia de una figura tan importante como es el nazareno y con una carga devocional y religiosa única dentro del cortejo, capaz de soportar el azote de las condiciones meteorológicas o el implacable aumento del mal comportamiento de las personas durante el paso de la procesión. Así pues, el recuento supone un bien necesario no solo de cara a fijar los horarios de paso de las hermandades, sino también como mecanismo medidor de la salud de un cuerpo tan denostado y agredido en ocasiones y que supone el termómetro más eficaz para calibrar nuestra tan querida Semana de Pasión.





