Cruz de guía | El tiempo de las cruces pasó

Han sido multitud los vídeos que han circulado por el mundo cibernético en los que se mostraban imágenes del gentío inundando cada una de las cruces de mayo de la capital cordobesa a pesar del mal tiempo. Instantes de alegría, celebración y memorandum de una genuina fiesta que otras localidades instauraron hace décadas en provincias anexas como la de Jaén.

Aunque esta fiesta no tenga unas raíces radicadas en la provincia olivarera, pequeños reductos y ciudades la han instituido y hecho propia aportándole un carácter visible del lugar. Municipios como Linares llegaron a contar con grandes ediciones de esta festividad primaveral de la flor y la cruz y, por supuesto, la calle configurando así una ecuación casi indisoluble para los que hemos crecido en esta tierra.

Me remito a lo dicho, «casi». Casi porque sumergidos en una sinrazón ante la incapacidad de las personas e instituciones de engrandecer una fiesta con la capacidad de llenar enclaves, calles y plazas, muchos optaron por sucumbir ante la piel fina de las personas y habitantes del centro que mostraron su disconformidad en los años dorados de las cruces de mayo para con ese factor «calle» indisoluble a la ecuación de éxito de la festividad.

El tiempo de las cruces pasó cuando renunciamos a tomar la calle durante dos días, escasamente un fin de semana. Atrás quedaron las bullas en las plazas, el cante flamenco y el baile, aspectos que pasaron a enmudecerse en el interior de casas de hermandades, sedes, asociaciones y establecimientos particulares arrebatándole así a la fiesta su carácter callejero con el que alcanzó esa época dorada. Un factor que ha resentido las cuentas de muchas instituciones, tales como las hermandades, que han llegado a sucumbir ante el escaso beneficio que hoy día proporciona una cruz de mayo postrada en el interior de una casa o establecimiento. A los hechos me remito, y es que las dos únicas hermandades que mantienen la genuina tradición de celebrar esta festividad en plena calle son las que alcanzan la mayor cota de rentabilidad en una fiesta efímera y casi imperceptible.

Así pues, la baja expectación que inflige la fiesta en la sociedad actual ha influido negativamente en la calidad de muchas de las cruces que participan en el tradicional concurso, pasando a adquirir la tendencia de economizar los materiales y dejando atrás la grandiosidad mostrada en tiempos pretéritos, aprovechando enclaves históricos y generando ideas creativas que tuvieran la capacidad de atraer.

El tiempo de las cruces pasó cuando renunciamos a plazas como la de las Siete Esquinas, la del Gallo, la de San Agustín, la calle Rosario y la Plaza Alfonso XII, cuando la música quedó relegada a un segundo plano, cuando la bulla regresó a los bares. El tiempo de las cruces pasó cuando el interés naufragó en el océano de la indiferencia, cuando el respeto a las tradiciones pasó a un segundo plano. El tiempo de las cruces pasó…