Sopesando varias opciones adecuadas para sustentar el marco argumentativo de este Cruz de guía semanal, me he dado cuenta de la necesidad que tenemos los cofrades de infravalorar el valor de la memoria. Y es que como dice aquel, «hay que vivir el presente», todo en su medida, claro está, pero en cuantiosas ocasiones, el ser humano ha languidecido en situaciones complicadas por no haber analizado el pasado correctamente. Como se dice tradicionalmente, «hemos tropezado dos veces en la misma piedra». Por ello, es importante alimentarse de recuerdos que nos recuerden lo efímero que puede llegar a ser la vida en todos sus aspectos.
Hace dos años, no se si se acuerdan, una pandemia asoló el mundo conocido sumiéndolo en la desesperación. Lo que parecía incorruptible -una tradición tan asentada e importante como la Semana Santa- se desvaneció como el polvo en cuestión de una semana. Aquellos fatídicos días nos recordaron de qué pasta estábamos hechos y de lo importante que es disfrutar lo vivido en el recuerdo.
Y se preguntarán aquello de, ¿a qué viene este alarmismo?. Tranquilos. En este Cruz de guía y tras encontrarme casualmente por el ciberespacio con un hecho producido en la ciudad del Alhambra que casi da al traste con la Semana Santa local que mana a las faldas de Sierra Nevada, hace ya más de una década, mucho antes de que la pandemia fuera más que una ávida posibilidad en la mente de los sanitarios, me ha hecho reconducir la temática y estructura de muchos de los artículos que he publicado de cara a darle la importancia que tienen a hechos que pasaron desapercibidos o han quedado relegados al mismísimo ostracismo.
Se preguntarán también, ¿cómo es que hubo una ciudad que pudo quedarse sin Semana Santa antes de la incursión de la pandemia?. Pues sí, la hubo. Tras analizar los hechos que motivaron tal episodio, la Semana Santa de Granada estuvo a punto de sufrir el mismo destino que en las ediciones del año 2020 y 2021, en el año 2007, trece años antes.
Los sucesos acuciaron de lleno a la por entonces Hermandad Universitaria de la capital nazarí afectando, también, al resto de Cofradías que comprenden la Federación de Hermandades de Granada, a una semana de la tan esperada Semana Santa del año 2007.
Todo comenzó en el seno de la Hermandad Universitaria tres años antes, en el año 2004, cuando en el pleno cabildo de elecciones de la Confraternidad el por aquel entonces mandatario de la misma, Manuel Armillas, impidió la entrada de un grupo de hermanos disconformes. Tal acción llegaría a oídos del Arzobispado y motivaría el cese, la impugnación del cabildo, la expulsión del mandatario de la Cofradía y el nombramiento de una junta gestora presidida por Francisco Rodríguez Campos.
La decisión motivó a Armillas a no permitir en la Semana Santa del año 2005 no procesionaran tres de los cuatro pasos que conformaban el cortejo de la Universitaria desde que se creará en los años 80. Ni el Cristo de la Sangre, ni Jesús del Encuentro, ni la Virgen de los Remedios pudieron procesionar aquel Miércoles Santo por las calles de la capital nazarí, al contrario que la imagen de la actual y renombrada Hermandad de los Estudiantes, el Cristo de la Meditación, que era propiedad de la Iglesia de San Justo y Pastor, la cual procesionó en solitario aquel año.
La imposibilidad de sacar las imágenes a la calle causó estragos en el corazón cofrade de la ciudad granadina, más aún cuando tras las desavenencias comenzó a peligrar la existencia de la Cofradía.
Pero lo que realmente marcaría fuertemente la integridad de la Semana Santa granadina ocurriría en el año 2007. Las vicisitudes arrastradas desde tres años antes y la decisión de Manuel Armillas de crear la Asociación Cofradía Universitaria con el objeto de procesionar los pasos e imágenes, que eran de su propiedad, durante la jornada del Miércoles Santo de ese mismo año, marcaron la decisión de la Federación de Cofradías y sus 32 fraternidades integrantes de no procesionar tras el permiso concedido a la Asociación Civil de procesionar por parte de la Subdelegación de Gobierno. No obstante, la tensión alcanzaría su punto álgido en el momento en el que el por aquel entonces el Arzobispo de Granada, Juan Rodríguez Segura, anunciar la inhabilitación de cualquier persona que apoyara la salida de la Asociación concebida por Armillas.
Así pues, tras días de negociaciones, el cambio de hora de la salida de la Asociación Universitaria llevado a cabo por parte de la Subdelegación de Gobierno motivó el visto bueno de la Federación de Cofradías a procesionar durante la Semana de Pasión. Sin embargo, el Miércoles Santo de aquel casi fatídico 2007 quedaría relegado al ostracismo ante la aparición de precipitaciones que causaría la suspensión de todas las salidas procesionales.
Desde entonces y tras la extensa polémica las consecuencias acuciaron directamente a la Corporación que durante tanto tiempo había llevado el nombre de «Universitaria», la cual se vio obligada a modificarlo por el de los «Estudiantes», en referencia a la larga tradición estudiantil que atesoraba y tras el reclamo de la nomenclatura anterior por parte de la Asociación Cultural.
Así concluyó uno de los capítulos más oscuros de la Semana de Pasión granadina. Desconocido por muchos y relegado por otros. Historia para olvidar y tema tabú en los mentideros granadinos, que no puede caer en saco roto ante tanta muestra de deshumanización y falta de compromiso de muchos hermanos que ven en las Corporaciones una buena oportunidad de ascenso y una forma de alimentar las ansias de poder que el ser humano posee como carácter inherente.





