Cuando todo es sátira

Asistimos continuamente a la sátira sobre todo lo que nos rodea en este mundo, soy de los que me río con el humor, que sin humor no tiene casi sentido la vida, pero dentro de unos límites o, quizás, que el humor sea igualitario para todos.

Somos la religión que pone la otra mejilla, que aguanta las risas, las críticas, los moratones que provocan tantas tortas seguidas en un mundo donde se confunde la sátira con la ridiculización, y que si, decimos algo, vamos en contra de la lógica del mundo moderno.

Cuantas veces aguantamos con la mejilla puesta las tiras «cómicas» que las publicaciones lanzan con la imagen de la Virgen María, con sacerdotes cometiendo delitos, carteles con la Macarena llena de dinamita, o que se use para anunciar el carnaval como el de este año en La Coruña, donde aparece un Papa con un cáliz bebiendo y conduciendo el papamóvil.

Don Carnal es la época donde se desahoga la gente con la jocosidad sana, burlándose de la vida cotidiana antes de la llegada de la Cuaresma y la preparación a los días de la Pasión del Señor. Pero incluso en Carnaval, el disfraz no llevaba a la crítica tan calumniadora como a la que asistimos hoy en día.

Invito a todos los cómicos, a que no se fijen solo en el catolicismo, sino en el resto de las religiones, o acaso no se pueden hacer carteles con el islam o el judaísmo por el pánico a que les llamen xenófobos o racistas.

Respeto es una palabra que a veces se olvida, cuando es la primera que se enseña desde pequeños y humor, donde no se llegue a la burla de un colectivo que siempre está siendo atacado y aún así, seguimos aguantando.