El capirote | De los últimos carteles

No es que estemos encontrándonos con grandes carteles recién comenzado el reciente curso. Son tantos que al final uno recuerda más aquellas obras que no encuentran su sitio que las que gozan de la unanimidad de la crítica. En estos vertiginosos tiempos, auspiciados por el auge de las redes sociales, es fácil encontrar un cartel recién presentado casi al instante en el mundo virtual. Y las opiniones, como siempre, y como debe ser, de todos los gustos.

Comenzamos con la visión minimalista de la Virgen de Valme y con el color rojo como grandes protagonistas. El cartel de la romería de la Virgen es obra de Aurora Ruiz Moreno. Lo mejor de la presentación, según me cuentan, la cara de los asistentes cuando vieron aquella obra inundada de rojo y tardaron en saber que no era la tela que la cubría. Y comenzó a correr entre los asistentes que si uno fijaba bien la mirada podría adivinar la presencia de la Virgen. Y ahí estaban con sus gafas, porque a simple vista… Porque un cartel, que ha de ser un grito en la pared, tiene que calar al instante y transmitir el mensaje al unísono. Y ahora, en la época de las prisas, a ver quién se para ante semejante obra que, por cierto, es muy evocadora e incluso nostálgica. Básicamente porque nos recuerda al que realizó Danh Vo, el artista vietnamita que ilustró la temporada taurina de 2022. ¿Será una casualidad?

Cartel de la temporada taurina de 2022. Foto: Mundotoro.com

Lo mejor, sin duda, los comentarios en las redes sociales. Porque aquí surge una especie de entendidos en el mundo del arte que censuran opiniones contrarias a las suyas. Resulta que nadie puede opinar de un cartel si no es experto en la materia. Y tampoco de una escultura si no tienes un bagaje más que acreditado. Nadie puede opinar de nada porque hay que tener pedigrí. Y se nos escapa que algunos que son conocedores de que hay obras que no están a la altura se cambian la chaqueta porque se trata de sus amigos. ¡Menudos son! Los hay que van de modernos, viejóvenes que ahora son amantes de lo contemporáneo y por dentro rancios como ellos solos.

Uno de ellos presenta dentro de poco una novela. El mismo erudito que afirmaba que de las cartelas de la Sagrada Mortaja que se vendieron en un pasado no se conocen los pasajes que representaban. Lástima que en su saber no se encuentre un espacio destinado al grabado sevillano. Solo así se entiende que no conozca el grabado de 1751 de Diego de San Román y Codina donde se observa uno de ellos —se representa el conjunto escultórico sobre el paso—. El mismo además que puso el grito en el cielo cuando vio la dolorosa de Montes de Oca en la exposición de Sevilla Fecit y luego tuvo que recular. Está bien eso de dar marcha atrás cuando uno mete la pata. Este, encantado de haberse conocido, da el pistoletazo de salida alabando una obra que anuncia la romería. Aquí lo que importa, mire usted, no es la calidad o la técnica sino la función para la que está concebida. ¿Y qué me dicen del otro que afirma que es digno de estar en el Reina Sofía? A este le diría yo que descolgara el teléfono y llamara, y que luego nos contara qué piensa con el mismo énfasis con el que va prodigándolo en redes sociales.

Pero el colmo de los carteles en septiembre llega con el cartel de la I Velá del Arenal, obra de Luis Rizo. Que dicen que la velá tendrá un carácter cofrade y taurino. Y se representa la escultura de Miguel Mañara, don Miguel Mañara, por si no lo han leído bien, en primer término. Y detrás unas casetas de feria. ¡Toma ya! Por la puerta grande. Esperemos que el de la Semana Santa y alguna que otra hermandad nos acabe salvando. Porque a este paso…