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Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

Diluvio de preguntas… ¿sin respuesta?

Llega un nuevo momento de reflexiones, después de una chicotá un tanto revuelta desde la última ocasión en que nos detuvimos, con los cirios apoyados en el suelo, y las miradas perdidas en nuestros pensamientos bajo el cubrerrostro.

El ambiente que se respira últimamente en la procesión no invita a la tranquilidad. Y esto se refleja no sólo en el caminar, a veces desorientado, a veces algo violento, de los nazarenos que formamos este cortejo que es la vida, sino también en las noticias que llegan a nuestros oídos de nazarenos espectadores de lo que pasa a nuestro alrededor, mientras vamos pasando por las calles de nuestro itinerario, que no son sino los días que van pasando por nuestros pies… ¿o somo nosotros los que vamos caminando por esas calles?

Y esta situación de intranquilidad, de desasosiego, incluso de falta de nitidez al mirar el horizonte, nos hace pensar de manera impetuosa y poco ordenada en muchas situaciones que están acaeciendo y que están por acaecer, y para las que no siempre se tienen una respuesta que nos devuelva a la calma que se necesita para caminar con tu cruz (más apropiado para estos momentos que caminar con tu cirio). Vemos decisiones, comentarios, proyectos que, lejos de hacernos sentir seguros en el rumbo, nos alteran el paso y rompen el orden en la fila de nazarenos.

El cielo empieza a amenazar lluvia, y mientras llega el agua que nos haga alterar la procesión, lo que sí llega es un diluvio de dudas para las que no siempre se tiene salida. Y éstas son algunas de esas preguntas que se vienen a la cabeza que sostiene este capirote y este cubrerrostro que nos igualan a todos en el anonimato:

En un momento como éste, en el que está creciendo el número de contagiados y de fallecidos de una manera tan alarmante, sin previsión a corto plazo de solución, ¿de verdad el problema más acuciante para los cofrades es si podremos o no tener procesiones el próximo año?…

Estamos viendo cómo las parroquias y comedores sociales están desbordados; los bancos de alimentos se están vaciando y se apela a la caridad y misericordia de todos para ayudar a nuestros prójimos; y ¿de verdad es el momento para pensar en nuevas sayas, nuevos bordados en insignias y atributos?

Ante las situaciones que he pensado ahora mismo, ¿no sería mejor pasar a la historia doméstica de cada hermandad como el Hermano Mayor que se entregó a sus hermanos con la ayuda vital más necesaria y multiplicando la Bolsa de Caridad que como el Hermano Mayor que estrenó un nuevo manto o una nueva túnica para el Señor? ¿No estaría mejor y sería más cristiano preocuparse de los mayores de las feligresías, de las hermanas de los conventos y residencias, y de todo aquél que realmente lo está pasando mal en soledad que pensar en la pompa y el autobombo que algunas actuaciones y decisiones reportan a quienes dirigen algunas Hermandades?

Si siempre hemos escuchado que ser Hermano Mayor es un desgaste en muchos aspectos: físico, familiar, económico, etc. ¿por qué algunos cofrades siguen anteponiendo a todo eso el querer portar una «vara dorada» por encima de todo? Dicen que lo hacen para desarrollar unos proyectos; proyectos que, a la vista de cómo están las cosas, no van a poder llevar a buen puerto ¿No encuentran en sus vidas la plenitud que las llene y necesitan buscarla en el mando y reconocimiento? Lo digo por aquéllos que, como los políticos, parece que viven en una constante campaña electoral y siempre están pensando en la reelección o en llegar a ser elegidos.

Y la madrugada… Ay, la Madrugada… (porque «la Madrugá» es una marcha de Abel Moreno y la noche que va del Jueves al Viernes Santo en Sevilla) ¿no sirvió de experiencia el fallido intento de hace años de querer darle una vida que no es natural en nuestra ciudad a una noche que demostró ser momento de recogidas y viajes casi furtivos a nuestra ciudad vecina (cuando no es noche de dormir en las ciudades costeras de nuestro entorno)? Parece que habrá ya dos Esperanzas y un Nazareno, “según las últimas noticias”.

¿Y qué ocurrirá con la Navidad? Porque está claro que Navidad habrá, como hubo Semana Santa y ha habido Día de Todos los Santos; pero, ¿qué Navidad vamos a vivir sin nuestros mayores y sin que los niños disfruten con esas caras encendidas de ilusión ante puestos, luces y cabalgatas de Reyes Magos?

¿Y con la próxima Cuaresma y Semana Santa? Si las hermandades siguen haciendo las cosas como siempre han hecho, sin modificar sus mastodónticas maneras de hacer las cosas, ¿estarán preparadas para soportar el golpe que puede suponer el momento de volver a la normalidad (pero a la de verdad) y poner en marcha la maquinaria algo desengrasada de la vida de hermandad? Y los hermanos, ¿serán todos capaces de aguantar este largo caminar por el desierto sin más alimento cofrade que llevarse a la boca para alimentar el alma que el seguir escuchando marchas y visionar vídeos de años anteriores, o quemar incienso y seguir intentando arreglar el mundo de las cofradías en tertulias cada vez más reducidas y clandestinas?

Como ven, son demasiadas ideas, admito que hasta inconexas, las que se amontonan en este ratito que va desde que bajamos los cirios hasta que volvemos a levantarlos. Y como no tengo respuestas para todas, ahí quedan en el aire perfumado de incienso para que las respire quien quiera y le dedique un instante de su tiempo.

Y no quiero comenzar a caminar tras el hermano que me precede sin elevar una oración por el alma de quienes han ido abandonando el cortejo para caminar al lado de sus Sagrados Titulares en la procesión eterna que camina a la Gloria que nos espera. Mantened los cirios en alto y encendidos para que no perdamos el camino hacia la Bendita Mirada de Nuestra Madre y el Consuelo Eterno de Nuestro Señor.

Ahora sí puedo seguir caminando con esta cruz tras mi hermano nazareno.

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