Dios Vivo en la Catedral

La religiosidad popular de la ciudad de Córdoba celebra a partir de este Jueves una de sus citas más íntimas, aquella en la que se rinde pleitesía a Dios Vivo representado y presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Una cita ineludible que da comienzo en el mayor Templo de la Diócesis con el comienzo del ciclo eucarístico que se prolongará hasta este sábado, siempre a partir de las 20 horas.

Un culto que culminará el próximo Domingo con la celebración de la eucaristía que, presidida por Monseñor Demetrio Fernández, dará comienzo a la 19 horas y a cuya conclusión dará paso a la solemne procesión eucarística en la que la custodia de Enrique Arfe recorrerá el entorno de la Catedral guiada por la experta mano del capataz David Pinto Sáez, por un itinerario que recorrerá las calles Cardenal Herrero, Magistral González Francés, Cardenal González, Cruz del Rastro, Ronda de Isasa, Ribera hasta llegar a la Plaza del Triunfo, donde se realizará un acto de adoración y el Obispo impartirá la bendición con el Santísimo. Seguidamente, se reanudará la procesión por la calle Torrijos, Cardenal Herrero, y hará su entrada en la Catedral de nuevo por la Puerta del Perdón.

Fue el obispo Martín Fernández de Angulo quien encargó la realización de la Custodia del Corpus Christi a Enrique de Arfe, orfebre de origen flamenco que llegó a España con la Corte de Carlos I. Arfe ya había construido una en León y estaba inmerso en el labrado de la de Toledo. Empieza su obra hacia el año 1512, dejando el prelado en su testamento 500 ducados para la terminación de la misma. Contribuyó también con su aportación de 100 marcos el Arcediano don Francisco de Simancas.

La obra primorosamente acabada, se estrenó el 3 de junio el año 1518 bajo el pontificado de Alonso Manrique, año en que procesionó por primera vez. Su extraordinaria belleza causó gran impacto entre cordobeses. Es justo señalar que no fue sólo Arfe quien elaboró tan magnífica joya, sino que le ayudaron en su realización varios plateros cordobeses, (entre ellos Juan Ruiz El Vandalino) que aleccionados por el maestro alemán, perfeccionaron su arte y así pudieron sustituirle en su frecuentes desplazamientos a Toledo donde también estaba esculpiendo la Custodia de dicha capital.