Lamentables imágenes llegan por los medios de comunicación de la contienda del este de Europa, allá en los límites de este viejo continente, imágenes que hemos visto todos, miles de edificios desmantelados a golpe de explosivos, las personas malviviendo aterradas en estaciones de metro, en sótanos o quien sabe donde, tanques campando a sus anchas, paseando sobre coches, algunos con ocupantes dentro. Cosas de la conflagración, dirán unos, justificando esto como algo natural en un conflicto cualquiera, naturalidad es justo lo que le falta a estos tipos de inusitados y nunca justificados conflictos.
He visto algunos edificios residenciales, heridos profusamente por fuego de artillería, mostrando buena parte de sus esqueletos, calles atiborradas de cascotes y ladrillos infamemente repartidos, macabra visión de una desolación de sueños caídos; sueños de millones de personas, que seguro solo soñaban con una sencilla vida llena de paz, y de concordia.
Ahí es donde podemos ver la autentica fuerza del narcisismo enfermo de una persona con necesidades de dominar, ahí es donde triunfa el egoísmo y la ambición. Esto lo hemos visto todos en muchas facetas de nuestra vida, es sabido de todos que en todas las personas ambiciosas existe un componente expansionista, cosas naturales del egoísmo humano, cosas que hacen que los humanos muchas veces sean más parecidos a alimañas que a personas sencillamente humanas.
Solo estamos presenciando un sencillo ejemplo de expansionismo y como está triunfando la ambición egoísta de una persona sobre millones de otras, y como el poder es capaz de generar dolor en medidas infinitas, sin ni siquiera pestañear, cosas de la desatada frialdad de quien apenas tiene empatía para con sus semejantes. Tantas veces hemos visto a menor escala cosas similares, que por ciertas y por su cantidad las terminamos dando como naturales.
Lamentablemente el dolor humano es como este egoísmo, que tampoco tiene límite, el dolor puede ser infinito y la falta de compasión superarlo con facilidad, cosas del ser humano, el más terrible animal existente. Tantas veces hemos visto sufrimientos que también lo tomamos por normal.
La capacidad de ver y callar del ser humano es también mítica, que por ver y callar casi nunca hacemos nada, y siempre tenemos a mano un socorrido “es que no tengo tiempo”, o mirando hacia otro lado “yo no vi nada”, actitud que solo ayuda y ampara al monstruo egoísta y en cierta medida, al menos bajo su parecer, autoriza y justifica su acción o pugna.
Nosotros seguiremos pensando en esta cuaresma que la Semana Santa está aquí, en nuestros estrenos, en como van los repartos de túnicas, los ensayos de las cuadrillas, los encargos a los artesanos, en nuestra pasión, pasión que nos distrae y nos hace olvidar el sufrimiento de nuestros hermanos.
Pero permitidme que sea políticamente incorrecto, si tan acostumbrado estás a ser sometido tiránicamente que has olvidado la autentica condición humana, vuelve al estado natural de tu ser, ahora, lo que es verdaderamente necesario es que finalice ese combate, que triunfe la conciliación y la avenencia, entre las personas, y si bien es verdad, que poco o muy poco puedes hacer para evitar o acabar la contienda, no es incompatible con que puedas evitar el triunfo de narcisistas de esta calaña en nuestras inmediaciones, evitando los constantes inicios de hostilidades entre iguales.





