La cruz de la Semana Santa la compuso un público intransigente. Hay quien sale a la calle imponiendo una dictadura: la de las sillitas. Aunque ya no es la única, aunque sí la que aporta mayor variedad. Porque el centro pareció una tienda de sofás. Había butacas, hamacas… incluso el suelo servía para descanso —había auténticos corrillos— de una sociedad cada vez más amante de tirarse a la bartola y poner Netflix… y coger el móvil. Estos sí que llegaron para quedarse. Uno tiene que sortearlos para que pueda apreciar el paso de la cofradía. Y no diga usted nada, porque otra de las dictaduras es la de creerse dueños y señores del espacio. «Grabo con el móvil porque me da la gana», «es lo que hay», «yo estaba aquí antes».
La mala educación
Creíamos que la pandemia nos había hecho mejores. Y más tolerantes. Llega la Semana Santa y salen a flote auténticas hidras. La poca educación, la escasa paciencia y las ganas de montar el pollo estuvieron a la orden del día. No pida usted paso porque se lo pueden negar… y hasta responderle «no se puede pasar». «Hay que cortar aquí porque no puede pasar todo el mundo» le decía una señora a otra en la calle Adriano. Otra dictadura la impone el que pasa a pesar de todo. Y no respeta nada. La banda del Sol iba tras el misterio de la Piedad del Baratillo. Y tuvieron que acercarse lo máximo posible por Arfe ante la cantidad de público que la seccionaba. Así sucede con los cortejos, donde los cruces son más antiguos. Ahora sucede por cualquier espacio que detectan los impacientes.
Tampoco se puede usted poner delante de otra persona aunque el espacio quede libre. La norma no escrita de esta dictadura impone que no pueden aproximarse en todo el perímetro. El colmo fue una señora que almorzaba en el bar que se encuentra en la esquina que da a la plaza de San Lorenzo. Allí, apostada en el interior del bar montó en cólera cuando en el exterior se colocaron varios muchachos. Pretendió ver la cofradía sentada sin que nadie pudiera arruinarle el momento. La incógnita no llegó a despejarse, puesto que nadie supo cuál fue el instante esperado. Podría pensarse el tránsito de los titulares del Buen Fin, que pasaba por allí. Pero cuando el perfil del crucificado oteó desde las alturas, la señora ni se inmutó. Ni siquiera se levantó de su asiento, aunque los platos iban y venían.
¿Y qué sucede con la basura que lastra las calles? En Francos, montones de pipas al paso de Cristo de Burgos. Imagen más que repetida en otros lugares. Contribuyendo a la penitencia de los descalzos y convirtiendo la ciudad en un estercolero. Cuando los Panaderos dejó el Salvador aquello era el maremágnum de una miseria… la humana. El comportamiento de un público que no cuida la ciudad ni las formas. En la calle Pureza había desde las ocho de la mañana del Jueves Santo público esperando. Y también cachimbas, cafeteras… Aunque parezca que no, mejoraron las impresiones —quien suscribe recuerda en alguna ocasión haber visto hasta colchones hace años—.
Los nazarenos tuvieron una actitud ejemplar. Sí se vieron, más que otros años, a algunos que se quitaron el capirote antes de llegar a casa. O como aquellas jóvenes del Miércoles Santo. Las Siete Palabras regresaba por la Campana y dos nazarenas de los Panaderos se habían desprovisto de él, quedando solo el antifaz. Se dispusieron a sacar fotos a los pasos. También dos hermanos del Amor que acudían a acompañar al crucificado y a la Virgen del Socorro iban vestidos de nazareno mirando en su móvil la aplicación de mensajería instantánea más famosa del mundo. Pero esto son solo hechos puntuales.
El Consejo y las redes sociales
El Consejo decidió publicar los horarios a través de sus redes sociales. Cómo le subieron los seguidores en la red del pajarito. En alguna ocasión informó de que cierta cofradía había entrado, respondiendo los usuarios con imágenes del paso, todavía en la calle. Aunque trending topic fue el Domingo de Ramos la hermandad de la Sagrada Cena, contabilizando sus retrasos y el tiempo de la Hiniesta. No estuvieron muy acertados los costaleros de esta última en sus respuestas. Quizá el Consejo pudiera repensar su proceder con los del Buen Fin. El estirón del recorrido pasó factura a quienes realizaron estación de penitencia. Pero si rápidos fueron los costaleros de la Hiniesta mayor premura tuvo el Consejo con el tema de la spidercam. Cuando uno de los cables quedó enganchado en el palio del Dulce Nombre, les faltó tiempo para publicar un comunicado afirmando que no tenían nada que ver con su instalación y uso. El pasado año, cuando todo fueron elogios porque, a decir verdad, las imágenes eran espectaculares —sobre todo los primeros planos— pocos comunicados vimos, a pesar de las felicitaciones que recibió el Consejo.
Los programas de mano
Se demostró que los programas de mano no estuvieron a la altura en el año de los cambios. «Vaya cachondeo en el Duque para ver por dónde pasan Los Panaderos. Que digo yo que no es tan difícil tener claro un itinerario, no? EmergenciasSevilla poniendo que baja por Jesús del Gran Poder; El Llamador, que por Trajano y la gente como pollos sin cabeza», tuiteaba una usuaria. El de Blogosur contenía errores en algunos horarios —la portada es, con diferencia— la mejor de este año. Más acertados estuvieron los de Cruz de Guía y La Saeta. Aunque a decir verdad, con el sinfín de cambios que ha habido este año, hay que aplaudir el tremendo esfuerzo desarrollado.
Retomando el tema de la mala educación, tampoco los palcos de San Francisco, donde uno se imagina la flor y nata de la sociedad, se salvan. Aquí sucede como con las mantillas —que cada vez van en desuso—. Uno ve a la mujer sevillana en Jueves Santo y se roza el arte de las buenas costumbres. Pero pronto puede romperse el embrujo. Como aquellas jóvenes por los Remedios que poco tardaron en sacar la cajetilla de tabaco. O cuando no el vaper, que también ha tenido su protagonismo esta Semana Santa. Cuando uno accede a los palcos, cree imaginar la compostura. El Viernes Santo jugaba el Sevilla contra el Celta. Quedaron empate. El comportamiento de los varones viendo la retransmisión a través de los móviles y dando respingos cuando transitaban los pasos fue salvado por las mujeres que supieron guardar las formas.





