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El viejo costal, 💙 Opinión

El año que viene…

Hay tantas cosas pendientes para el año que viene, año de acumulación de salidas, salidas extraordinarias, salidas ordinarias, y demás. Todos son actos acumulados pendientes de miles de almas que los esperan con fruición, deseos desatados de momentos no vividos, momentos que por mucho que intentemos repetir serán momentos perdidos.

Esa es la vida, perdonen la deformación profesional, la vida es como un tren que siempre avanza, se detiene momentáneamente en una estación, bajan y suben viajeros, para arrancar de nuevo a un destino que siempre es el final del viaje.

Cada parada es distinta y nunca se produce dos veces de la misma forma, ni están los mismos viajeros, ni la hora ni el día son el mismo, eso es lo que no va a faltar a todos, el tiempo muy a nuestro pesar, es vectorial, ya saben módulo, dirección y sentido, pero el tiempo además viene con los apellidos “inamovible e irrepetible”.

Lo paradójico de esta necesidad de esperar e intentar realizar los actos no vividos es que el impasible tiempo cambia a las personas, no estarán todos los que son, ni ocuparan los lugares indicados, el tiempo impasible no perdona. Unos se habrán ido, otros habrán sido sustituidos, y siempre cabe lugar para algún despistado, que ni se entera ni se va a enterar en toda su vida.

Es importante que las cosas sigan su curso normal, y la normalidad en estos casos es saber perder, sentarse (léase quedarse en casa), y esperar en silencio con un poco de paciencia y un mucho de oración a la llegada de la normalidad de verdad, sin trampas de políticos astutos o militantes ciegos.

Saber estar en el lugar indicado en la fecha indicada es lo esencial para tomar el tren adecuado, saber reconocer que se ha perdido también forma parte del saber estar, y lo de este año le pese a quien le pese está todo perdido.

Pero nosotros estamos empecinados en intentar repetir el año que viene lo que nos falta de este, pero no nos daremos cuenta de que aun así nos seguirán faltando cosas, siempre nos faltarán la de este año, y seguiremos repitiendo hasta la saciedad los intentos de salir de este “día de la marmota”.

¿No creen que sería mejor programar con imaginación la forma de capear este temporal de pandemia desatada? Tenemos miles de problemas que deberemos resolver de una forma hábil, los cofrades desde siglos atrás hemos sabido sobrevivir en las peores circunstancias, llegando incluso a mantenerse en periodos no favorables de la política del momento, la habilidad mental es fundamental en este periodo, pero aún tenemos quien cree que la solución llegará sola, sin hacer nada. Igual necesitamos una remodelación a fondo de nuestras costumbres y actos, lo que si debemos dejar es la actitud de pasividad que late en el aire.

Esperar o actuar, ahí es donde late la diferencia entre obediencia ciega a las premisas de los gobernantes, o la imaginación para crecer en estos periodos de pasividad latente, ahí es donde está la diferencia entre perdedores o ganadores, el tren o se coge o se pierde para siempre, ahora solo nos resta saber estar cada uno en su sitio, y ver quien sube o baja, o simplemente si llega a la estación.

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