El capirote | Erre que erre

Lo peor que ha podido sucederle a la hermandad de la Redención es que la coronación canónica de la titular se produjera en el mes de julio. Aquí, como sucede en otros aspectos del sector periodístico, el estío provoca que la información escasee. Y cualquier detalle es abordado hasta la saciedad.

Ejemplos tenemos cientos. Sucede en política, economía… ¿acaso las hermandades iban a ser menos? La coronación ha llegado en meses donde no hay noticias. Llegamos a julio con la impronta de la festividad de la Virgen del Carmen y de ahí saltamos al día de la patrona. Y hasta septiembre no tenemos tema de conversación. Los biliosos y los periodistas que no tienen de qué hablar, pero que han de rellenar su página semanal se han frotado las manos para tener tema sobre el que escribir.

Y qué mejor manera de hacerlo que con una hermandad de penitencia que, como saben, son las que venden. Qué poco se habla de las imágenes carmelitas, de procesiones cuidadas, medidas, hechas para ser contempladas por un público que sabe a lo que va, que puede observar detenidamente los detalles de algunas de ellas centenarias.

Es mejor avivar la polémica, aunque sea desconociendo nuestro propio pasado. Que si coros rocieros, que si cohetes y bengalas. Y aquí se apuesta un nutrido grupo de cofrades que parece ostentar un puesto privilegiado y que anula cualquier pensamiento contrario. Un grupúsculo con autoridad para decidir qué pasa el filtro y qué no. Y si osas emitir una opinión diferente, se te anula y te conviertes en TT en esos corrillos cofradieros donde la humanidad escasea.

Olvidamos que Sevilla es la ciudad que más hermandades rocieras tiene o que la matriz de Almonte es madrina. Aquí tampoco leemos. No recordamos las bengalas a la Virgen del Refugio cuando antaño llegaba a su barrio o las corporaciones letíficas que eran recibidas con cohetes y bengalas. Como recomendación, los libros de José María Lobo Almazán, donde recoge, tras un exhaustivo análisis en prensa, cómo se vivían las procesiones de gloria en el siglo XX. ¡Tenemos hasta sevillanas en San Bartolomé!

La ignorancia es atrevida. Qué duda cabe. Y lo vemos continuamente en debates estériles donde se suprime la cuestión extraordinaria, fuera de la norma, alejado de lo habitual. Nos enfrascamos en repetir cada semana una misma idea, sin abordar otros aspectos que pasamos conscientemente por alto. Por encima de todo ello, quedará que la Virgen del Rocío fue coronada y que todo salió tal y como la hermandad quería. Lo demás es secundario.