Julio comienza los días grandes del Carmen con las procesiones previas al día de la Virgen más marinera. Este fin de semana, concretamente el sábado, la ciudad amanecía prácticamente desierta. Las calles semivacías, con una Chipiona, entre otras, a reventar, donde no era extraño escuchar a los sevillanos hablar sobre la Semana Santa.
Porque la fiesta mayor de la ciudad trasciende ya cualquier época del año, sobre todo con un otoño lleno de extraordinarias donde podremos contemplar desde la salida de la Virgen de la Estrella hasta la del Socorro, pasando por el Cristo de San Agustín, por no hablar del gran momento final con el que casi cerramos diciembre, con una magna donde autobuses de los pueblos ya cuelgan el cartel de no hay billetes. Y en septiembre, la coronación canónica de la Piedad del Baratillo, con una visita a Triana, llevando los aires del Arenal hasta el otro lado del río.

Son tan solo algunos ejemplos. Pero antes, podemos saborear con menos público, que hasta se agradece, la riqueza que son las procesiones de la Virgen del Carmen en Sevilla. Después llegará Triana con sus días grandes de la mano de la abuela Santa Ana. Y en el octavo mes, la madre de todos los sevillanos volverá a extender su mano a los devotos, antes y después de la procesión del 15 de agosto, que es de los pocos ejemplos puros que nos quedan.
Este mes nos está regalando noches más frescas de lo habitual. Dos procesiones que son todo un deleite. Solo para cofrades selectos. Desde San Leandro hasta Santa Ana. La primera de ellas con varios estrenos que incrementan su patrimonio. La segunda, que poco a poco va haciéndose un hueco en el viejo arrabal, dejando estampas tan características ya como es el paso de la corporación por la calle Betis con las casetas de la Velá de Santa Ana. Su paso por las calles estrechas de Triana, como lo es la calle Rocío, los sones de la Banda de Música de Las Cigarreras o la visita a la capilla de los Marineros son estampas entrañables del mes carmelita.

Por San Leandro, la Virgen volvió a visitar a los enfermos del hospital Virgen Macarena. Ni qué decir tiene que su discurrir por la calle Fray Luis de Granada con la lluvia de pétalos es una cita obligada de los vecinos del barrio, que no dejaron sola en ningún momento a su patrona. Corporaciones humildes, pero que poco a poco van creciendo y siendo más conocidas entre los cofrades.
Por delante quedan días para seguir disfrutando de una advocación con presencia en prácticamente el mundo entero. Las misas se multiplican, las celebraciones en torno a la Virgen del Carmen son cada vez mayores en número y la ciudad, como marinera que es, volverá a acudir a su cita con una devoción tan arraigada que su presencia aquí se cuenta por siglos. Sería una pena perderse el homenaje que la capital le rinde a la Madre del Carmelo.






