El capirote | La burra al trigo

No es que esté siendo una Cuaresma de grandes exposiciones este año. En lo que a las del Círculo Mercantil se refiere, tan solo pasa el filtro, y con altura, la que celebró la Hermandad de la Vera Cruz, que viene a ser una de las mejores muestras organizadas por una corporación desde que empezó Círculo de Pasión. Porque lo que ha venido después, además de la típica de estrenos y restauraciones que ya puede visitarse, han sido unas exposiciones que no serán precisamente recordadas por mucho tiempo. La de la formación musical de las Tres Caídas ha venido a ser una más, como la de la Virgen del Rocío, donde algunas de las obras que podían contemplarse dejaban bastante que desear.

 La de la Macarena en la sede de la fundación Cajasol, con un título con demasiados conceptos, algo que ya chirría de entrada, es el traslado del museo de la corporación al centro de la ciudad. Pocas son las joyas que uno descubre si antes ha pasado por el que es uno de los museos más visitados de la ciudad. Es como si la Esperanza de Triana o La O -no se pierdan el besapié del Nazareno este fin de semana- mostraran al visitante una selección de las piezas que atesoran. Dicho de otro modo, no sorprende por el aspecto novedoso, porque de la corporación de la Madrugada conocemos casi todo.

En la primera parte un gran cartel nos muestra las devociones que tienen la Rosa de Oro alrededor del mundo. Desde las cercanas Cabeza y Montserrat hasta otras más lejanas, como las de Nuestra Señora del Valle, en Argentina o la de Guadalupe, en México. No deja de ser curioso que también se muestre la Virgen del Socorro, en Venezuela, la primera imagen dolorosa y de candelero en recibir la distinción papal.

Más adelante, uno de los textos recoge que la Esperanza Macarena es la primera dolorosa a la que se le concede la Rosa de Oro. Nuevamente, se cae en el error. No se sabe si la corporación pretende repetir una mentira hasta que sea verdad o si se trata de un error de desconocimiento por parte de los autores de los textos, que no son otros que los comisarios de la exposición, aunque no deja de sorprender que en cuestión de dos o tres metros se aprecia en el mapa a la Virgen del Socorro y que luego se afirme lo contrario. En cualquier caso, es manifiesta la escasa colaboración entre sus miembros si se atiene a un fallo que no ha pasado desapercibido en las redes sociales y que viene a recordar cómo las hermandades quizá no son tan conocedoras en determinados aspectos como suponemos. Este error, repetido por periodistas y hasta en un libro publicado por la hermandad, es otro ejemplo más de cómo se perpetúa una mentira a lo largo del tiempo. Nos hemos acostumbrado a cofradías que se fundan antes de lo que pensamos -con la inexistencia de datos- o a la ocultación de los mismos -cuando se habla de la mojada del manto de los Cisneros solo se oye el sonido rítmico y agudo de los grillos-. Y entramos, con la insistencia de algunos estómagos agradecidos y la ignorancia de otros, en terrenos peligrosos que se alejan de la verdad.