El cirineo | El club de la tragicomedia cofrade

En Sevilla uno puede encontrarse de todo: desde el azulejo más devoto hasta el selfie más hortera en la Campana. Pero nada supera al gran show paralelo de la información cofrade, ese teatrillo donde un señor, que se cree mezcla de caudillo y productor de Netflix, maneja a su corte particular: un harén de “fans” que, con tal de salir en pantalla, son capaces de hipotecar la dignidad a plazos, a cambio de contratos, algún que otro micro abierto y, sobre todo, el dinerito fresco.

El club es exclusivo. Para entrar, no hay que pagar cuota, basta con un gesto sencillo: postrarse ante el amo. A partir de ahí, el pack premium incluye directrices semanales, dictados a capricho y, cuando toca, la orden de atacar al señalado. Porque el líder jamás se mancha; para qué, si tiene a su ejército de chihuahuas mediáticos que ladran a coro. Algunos incluso firman comunicados con el fervor de quien escribe las bienaventuranzas, aunque en realidad sean panfletos dictados desde el sofá del patrón.

El guion es siempre el mismo: quien no pase por el aro, acaba en la hoguera. Si hay que triturar a una institución centenaria, se hace. ¿Qué es la historia comparada con un buen trending topic y un par de contratos? El patrimonio cultural se guarda en cajas, pero el prestigio se tira alegremente al contenedor azul.

Y el líder, mientras tanto, encantado: no necesita levantar la voz, basta con mover la ceja. Un gesto suyo y sus cachorros se lanzan a morder al ritmo de pasodoble. Eso sí, con mucho incienso en las frases y mucha retórica de manual, no vaya a ser que se note demasiado el olor a pienso.

Así es el club de la comedia cofrade: un escenario donde los chistes se cuentan solos, donde el protagonista nunca falla, porque siempre tiene a su corte de perritos falderos dispuestos a aplaudir a rabiar. Y si alguien se atreve a no reír la gracia… tranquilo, que ya llegará el dedo del amo para señalar a quién linchar en la siguiente función. Un espectáculo digno de taquilla, aunque con un cartel más propio de tragicomedia que de Semana Santa. 🎭