El cirineo | La prensa cofrade: entre la prostitución, la sumisión y la vergüenza

Seré breve y directo: buena parte de la prensa cofrade es un ejemplo paradigmático de sumisión y falta de entereza. Muchos de sus representantes se comportan, sistemáticamente, como auténticos mercenarios, dispuestos a vender su alma y su pluma por un puñado de monedas, traicionando así los principios básicos del periodismo. Sujetos cuyo comportamiento repugna y provoca hilaridad a partes iguales.

Un periodista que es incapaz de expresar su opinión por miedo a las consecuencias no es un periodista. Es un cobarde, un individuo pusilánime que se esconde detrás de la cabecera de un medio para evitar enfrentar la realidad. La prensa cofrade debe ser un reflejo de la sociedad, un espacio donde se puedan expresar opiniones y críticas constructivas. Sin embargo, asistimos a una serie, prácticamente Interminable, de bochornosos artículos, cargados de incienso, que se limitan a reproducir aquello que satisface al poder establecido, sin cuestionar absolutamente nada, para que quien manda no se enfade.

La falta de independencia y la sumisión a los intereses de los poderosos son una lacra para la prensa cofrade. Determinadas prebendas con el poder establecido son un verdadero oprobio para cualquier persona que se precie de tener un mínimo de dignidad. Una ignominia, una vergüenza. Cuando un periodista opina debe decir la verdad. Así de sencillo. Con el mayor de los respetos, sin lugar a dudas, pero decir la verdad. Y si quien escribe en un medio es incapaz de respetar esta sencilla premisa debe callar para siempre. Recoger sus bártulos y dedicarse a otra cosa. Por honradez, por integridad y por consideración a los lectores.

La miserable tibieza, aunque en modo alguno sorprendente, evidenciada en varias de las crónicas realizadas sobre el pregón de Semana Santa que se ha perpetrado este domingo en el Gran Teatro de Córdoba, es un claro ejemplo de la falta de respeto de determinados profesionales a la audiencia, a la que deben considerar un puñado de estúpidos. Ser ambiguo en la crítica, en un asunto tan evidente como este, que el pregón ha sido cualquier cosa menos un pregón de Semana Santa, un texto con varios errores de bulto incomprensibles, es una tomadura de pelo para aquellos que esperan una cobertura honesta y objetiva. Si algunos no nos dicen la verdad, ni siquiera cuando la vemos con nuestros ojos, ¿cómo vamos a fiarnos cuando nos cuenten lo que no presenciamos en primera persona? ¿Cómo vamos a creerles? Y lo peor de todo es decir una cosa en público y otra en privado, por miedo a perder el beneplácito de quien manda o en ocasiones el dinero de quien paga. Una actitud propia de individuos despreciables, de cobardes o de quienes trabajan en un lupanar. Y si hay que aplaudir hasta los comportamientos más mafiosos, hágase, sin problema. Así son las tragaderas de algunos individuos.

Sin embargo, hay algunos que se mantienen firmes en su compromiso con la verdad y la honestidad periodística. En este contexto, he de reconocer públicamente que las palabras de Juan José Primo Maldonado, a quien no tengo el gusto de conocer -sí a su padre-, han sido todo un soplo de aire fresco para mí, por tener el coraje de decir lo que piensa sin importar a quien moleste. Su compromiso con la verdad y su honestidad periodística deberian ser un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones de periodistas cofrades. No es fácil ser crítico en un entorno donde la sumisión y la falta de entereza son la norma. Y les puedo garantizar que las consecuencias de decir la verdad, le pese a quien le pese, las hemos sufrido, muchas veces en Gente de Paz, en primera persona.

La prensa cofrade necesita credibilidad, y por ende, una revolución, una resurrección. Y valores. Necesita personas valientes y honestas que estén dispuestas a decir la verdad, sin importar las consecuencias. Solo así podremos tener una prensa cofrade que se merezca el respeto de los lectores y oyentes, porque el respeto no se exige, el respeto se gana. Una prensa sin aduladores, ni pusilánimes que prostituyan el periodismo.