El Cirineo | ¡Qué fácil es dar ejemplo con San Gonzalo!

Mira que he criticado veces las salidas extraordinarias innecesarias, la proliferación de magnas sin sentido, y el exceso por el exceso (no confundir con los «essesos» que tanto molestan a ciertos gurús cuya presencia en ciertos medios sí que es un auténtico exceso). Pero lo sucedido con la Hermandad de San Gonzalo me parece absolutamente impresentable. No porque considere más o menos adecuado solicitar una salida extraordinaria por el cincuentenario de la hechura de una imagen. Sino porque el motivo para rechazarla es sencillamente ridículo. Y porque o todos moros o todos cristianos, oiga.

No se puede permitir cualquier salida extemporánea por la gilipollez más absurda a algunos y negársela a otros por razones parecidas. La negativa perpetrada contra la Hermandad de la Cena cuando solicitó celebrar un Vía Lucis por las calles de la feligresía con la Virgen del Subterráneo ya anticipaba el doble rasero de Palacio en función de quien pide y no de lo que pide. Porque si nos ponemos a repasar las razones en las que se ha amparado la autoridad eclesiástica para autorizar determinadas salidas extraordinarias que se han producido en Sevilla en los últimos tiempos, o se van a producir a muy corto plazo, no existen diferencias relevantes con la solicitada por la Junta de Gobierno de la Hermandad del Barrio León, más allá de eso, que es precisamente la Hermandad de San Gonzalo quien lo pide y no una hermandad de rancio abolengo.

¿Misiones? ¿Razones pastorales? ¿A quién quieren engañar con semejantes eufemismos? Pregunten en Tres Barrios por los beneficios pastorales de la presencia del Gran Poder. O por los que se producirán en el Polígono Sur en los próximos años. Podemos enmascarar las cosas bajo la verborrea que se quiera. Pero la triste realidad es que a unos se les niega lo que a otros se les permite. Que hay hermandades de primera y hermandades de segunda. Porque algunos personajillos que se congratulan hoy por la negativa sufrida por San Gonzalo son los mismos que exigían que la Esperanza Macarena saliera a la calle por la entrega de la rosa de oro. Ridículo. Patético. Indefendible. Un doble rasero miserable y muy poco edificante, cuando emana del poder eclesiástico.

El mismo poder eclesiástico que se ha inventado una mastodóntica magna para el puente de la Inmaculada absolutamente innecesaria. Si los excesos son excesos lo son para todos. Incluido para quien pretende un cardenalato al son de pasos en la calle. Siempre he afirmado que no es bueno que lo extraordinario se convierta en ordinario. Pero es muchísimo peor la sensación de que se adoptan decisiones por capricho y de que hay cofradías a las que se les permite todo y otras a las que se les niega el pan y la sal. O somos todos iguales o vivimos en una injusticia permanente.

Normal que en San Gonzalo estén enfadados, yo también lo estaría. Lo mínimo que debía haber hecho el arzobispado es poner de manifiesto qué carencias detectaba en la petición de la Hermandad para que su Junta de Gobierno pudiera subsanarlas. Lo contrario, como ya ocurrió con la Hermandad de la Cena, provoca una indefensión muy difícil de justificar, pese a que muchos, desde su atalaya de poder lo justificarán hasta el hartazgo porque la medida perpetrada se adecua perfectamente a lo que llevan pregonando como papagayos desde hace años. Yo, sin embargo, que como les decía he defendido que los excesos no son buenos, hoy les digo que lo que resulta intolerable es la doble vara de medir y la sensación de que lo fácil era ejemplificar con San Gonzalo, porque no se atreven a hacerlo con la Macarena, el Gran Poder, el Cachorro o la Esperanza de Triana.