El cirineo | Una lección magistral de la Merced y la Estrella

El Lunes Santo de 2025 en Córdoba, que difícilmente pasará a la historia de los recuerdos más hermosos de nuestra memoria cofrade, ha sido un día marcado por las inclemencias meteorológicas, pero a pesar de la lluvia y la incertidumbre, dos cofradías han demostrado una gestión excelente y una clara priorización de objetivos, dejando patente su capacidad para adaptarse a la situación y tomar decisiones rápidas y efectivas.

Mientras que las hermandades del Remedio de Ánimas, del Vía Crucis y de la Sentencia optaron por la prudencia y decidieron no sacar sus cofradías a la calle debido a la previsión de lluvias -decisiones lógicas e incuestionables, toda vez que sus respectivos horarios no les hubiesen permitido alcanzar el templo mayor de la diócesis con holgura-, otras dos cofradías tomaron la valiente decisión de salir a la calle a las cuatro de la tarde, cuando el sol brillaba con fuerza sobre la ciudad de Córdoba, y demostraron tener absolutamente claro cuál es el objetivo prioritario de cualquier cofradía, el único plausible: realizar estación de penitencia en la Catedral ante el Santísimo Sacramento del altar.

La gestión de los tiempos y la interpretación de la información que estaba su disposición, realizada por estas dos cofradías ha sido verdaderamente ejemplar. A pesar de que la previsión meteorológica cambiara sobre la marcha y no pudieran regresar a sus respectivos templos la misma noche del Lunes Santo -el pronóstico hablaba a priori de una hora o poco más de lluvia y estabilidad posterior, pero luego la cosa se complicó-, su capacidad para adaptarse a la situación y tomar decisiones rápidas permitió que realizaran su estación de penitencia sin problemas, demostrando una notable flexibilidad y una gran capacidad para adaptarse a los acontecimientos, poniendo al cortejo en la calle y realizando su estación de penitencia hasta la Catedral de manera intachable.

Ni siquiera el contratiempo derivado del hecho de que el dispositivo del Cecop no estuviera habilitado cuando la Merced llegó con adelanto a la carrera oficial y el parón de diez minutos que ello provocó, puede empañar en modo alguno el éxito derivado de las decisiones acometidas. Que ambas cofradías realizaran este Lunes Santo estación de penitencia, objetivo esencial de todo esto que llamamos Semana Santa -las procesiones de ida y la de vuelta no son más que meros traslados, por mucho que algunos no se enteren- pone de manifiesto la capacidad de Merced y Estrella para superar cualquier obstáculo y su compromiso con la tradición y la fe y una formación, de la que al parecer otros carecen, de cuál es su obligación.

Conste que las cofradías no se mojaron en ningún momento, desarrollándose su devenir por las calles de Córdoba con absoluta normalidad y sin incidentes dignos de mención -más allá del pequeño contratiempo con la ráfaga derecha de la corona de la Virgen de la Estrella, subsanada con celeridad por el equipo de priostía de la corporación de San Fernando-. Pero si se hubiesen mojado un poquito antes de llegar a la Catedral tampoco hubiera pasado nada, que lo que cae del cielo es agua, no ácido sulfúrico. Y una cosa son unas gotas de agua y otra, un chaparrón brutal y alevoso. Que algunos parecen gilipollas corriendo cuando cae un poquito de agua del cielo, como si se fuesen a disolver como azucarillos.

La magistral gestión realizada por estas dos cofradías ha sido verdaderamente excelente. Una lección. La capacidad de los equipos de gobierno, dirigidos por Pablo Jiménez y José María Ledo, para priorizar objetivos y adaptarse a la situación son ejemplo fehacientemente de una notable madurez y una gran capacidad para liderar y tomar decisiones. Su ejemplo es un modelo a seguir para todas las cofradías y una demostración de que, con una buena gestión y una clara priorización de objetivos, se puede superar cualquier obstáculo y alcanzar el éxito. Enhorabuena y gracias por habernos dado un Lunes Santo.