Cada vez va quedando menos para que llegue la ansiada Cuaresma. Hace unos días hablaba sobre la Precuaresma y sus preparativos. Este año en nuestra ciudad, la Precuaresma viene marcada con varias procesiones o salidas procesionales. Donde destacan tres, dos extraordinarias, la Virgen de la Candelaria y la de San Juan Bautista de la Concepción, y una que ya se ha convertido en cita anual en el calendario cofrade cordobes, como es la del Beato Cristóbal de Santa Catalina. Y antes de que llegue la Semana Santa y nuestras calles se llenen de estaciones de penitencia o después de salidas procesionales de Gloria, me quiero parar que significa una procesión.
El término procesión viene del latín y significa “avanzar caminando”. La Iglesia reconoce a las procesiones como propias de su identidad y de su liturgia. La procesión de palmas del Domingo de Ramos, la procesión del luz de la Vigilia Pascual, la procesión del Corpus Christi en el día de su fiesta; la procesión de las velas para el día de la Candelaria.
Las demás procesiones cristianas, en este caso, las de nuestras Cofradías, aunque propiamente hablando no son “litúrgicas”, tienen un gran valor por cuanto manifiestan una honda significación en la vida de los creyentes. De alguna manera, simbolizan y expresan la propia vida: salen de un templo para volver al templo recorriendo un camino en concreto.
Si no existiera la Semana Santa con sus cofradías, casi seguro que habría que inventarla, porque en nuestra sociedad actual, la Semana Santa y las procesiones de Gloria con sus múltiples cofradías se convierte en un muro de contención del secularismo que nos invade, y cada Semana Santa nuestra sociedad queda reciclada para continuar el resto del año con la memoria del misterio celebrado y procesionado.
Porque nuestras procesiones pueden parecer un espectáculo, pero poner en escena un cortejo con sus imágenes, su incienso y sus velas, sus túnicas, sus bandas de música y sus costaleros es cosa de todo el año, de todos los años. Y es cosa que implica a muchas personas. En las cofradías y hermandades el tiempo y va dejando un poso de solemnidad, de popularidad, de fervor y piedad, de vivencia del misterio que transforma la vida y hace presente a Dios en la calle.
Todo está empapado de Cofradias, y cuando pasa el Señor en cualquiera de sus imágenes, tan expresivas, y su Madre Santísima llena de dulzura y misericordia en Semana Santa, o radiante de luz y alegría cuando se trata de una de Gloria, se estremece el corazón de miles ya que lo vivido se acerca hasta su propio corazón.
Continuará…





